Hans Landauer

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Hans Landauer. Nacido el 19 de Abril de 1921, en Austria. Falleció el 19 de Julio de 2014 en Oberwaltersdorf, Austria. Esta entrevista fue realizada en Albacete por el CEDOBI (Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales), en 1999.

En ella relata las razones que le llevaron a venir a España con tan sólo 16 años para incorporarse al Ejécito Popular en defensa de la República. También expone los frutos de su trabajo de investigación y recopilación de datos sobre el contingente austriaco en las Brigadas Internacionales. 
Fecha Entrevista: 1999
Pais: Austria
Año Nacimiento: 1921
Año Fallecimiento: 2014
Género: HOMBRE

Soy austriaco. Nací el 19 de abril de 1921 y en pocos días voy a cumplir 78 años. 

Mis antecedentes familiares

Mi padre era cerrajero,  y mis abuelos, los dos, hasta febrero de 1934, alcaldes y campesinos en un pueblo pequeño al sur de Viena. Ellos fueron fundadores de una organización socialdemócrata llamada Asociación de Pequeños Agricultores

Estudios

Estudié sólo en escuela primaria. Al salir de la escuela me fuí a trabajar a una fábrica textil de mi pueblo como tejedor. Sabido es que en 1934, en Austria tuvimos un golpe de estado, y después del 12 de febrero de 1934, se impuso el fascismo en Austria.

Muchas veces me preguntan cómo y por qué me fui a España con 16 años, siendo un niño, y cuál fue el motivo que me llevó allí

Para responder a esta pregunta tengo que contar un poco la historia de mi familia porque desempeña un papel primordial en todo el asunto.

Mis abuelos eran alcaldes en pequeños pueblos al sur de Viena. La supresión de la democracia en Austria en febrero del 34 supuso una gran fisura para la vida familiar. Se terminaron de golpe las tardes con los Halcones Rojos (organización juvenil del Partido socialdemócrata)  y  también las marchas y las excursiones con otras asociación llamada Amigos de la Naturaleza.

Nuestra sede social, una modesta barraca, como en España las casas del pueblo, fue clausurada por los fascistas, y nos dejaron en la calle. Entonces, la actividad política pasó a desarrollarse en la clandestinidad.

Comenzamos con la agitación política a los 14 años. El jefe de los Halcones Rojos tenía 18 o 19 años y era nuestro líder,  y nos dedicábamos a pegar pegatinas con las tres flechas y el halcón rojo que aún teníamos en grandes cantidades.

Después, el triunfo del Frente Popular, el 11 de febrero de 1936, nos llenó de entusiamo, ya que durante esa década, en toda la Europa los triunfos de la izquierda se habían convertido en rarezas. Por eso, después de esto nos afectó, si cabe más, el golpe de los generales en España, ya que la prensa reaccionaria en Austria, que era la única existente entonces, no ocultó su simpatía por los generales rebeldes.

Las noticias que nos llegaban de la prensa de izquierdas en la clandestinidad eran de suma importancia para todos nosotros,  y ésta ya informó en los primeros días sobre la auténtica situación política y militar en España.

Franco avanzaba y las primeras noticias fueron sobre los austriacos que lucharon al lado de la República y cayeron en la defensa de Madrid, ya en el año 1936. Y así nos enteramos de que había voluntarios austriacos que querían defender la democracia en España,  que querían salvarla.

Esta prensa tenía otra ventaja: Todos sabíamos que sus distribuidoras habían montado, desde octubre de 36, una red por la que se podía llegar a España. En la primavera del 37, vino a vernos un hombre que había ocupado la alcaldía en un pueblo vecino y que había sido destituido por los fascistas. Nos trajo una carta de otro vecino que contaba que estaba luchando con una batería de artillería del Ejército Republicano Español. 

En ese momento, se decidió mi destino. 

No era necesario ser comunista, sólo ser antifascista, y el 18 de junio de 1937 conseguí mi primera dirección de un contacto para vernos en el Café Grisson de París.

La tarde del 20 de junio ya estaba sentado frente a mi enlace, en el cuarto trasero de dicho café. El comienzo de la conversación no fue muy prometedor porque al ver mi pasaporte me dijo en un dialecto cerrado vienes: ¿Eres imbécil o qué? ¿Es que no sabes que no mandamos niños a España? Entonces le mentí y le dije que no era mi pasaporte, sino el de mi primo; que no me llamaba Landauer; y que no tenía 16, sino que había cumplido 18.

Él no estaba convencido, pero sólo la insinuación de que mi rechazo y mi repatriación, con interrogatorio policial incluido, podían poner en peligro la organización ilegal en Austria, le hizo cambiar de opinion.  Así, aseguré la continuación de mi viaje.

Después de unos días en París, en los que me dediqué a visitar la exposición mundial (aquí ví por primera vez el famoso cuadro de Guernica) tomé un tren nocturno que me llevó a Perpignan. La marcha a través de los Pirineos no supuso ningún problema para mí. Al amanecer,  llegamos a una cabaña donde nos esperaban ya los que guardaban la frontera.

Entonces, fuimos con unos camiones a la fortaleza de Figueras. Y hay una imagen de esa fortaleza que me acompaña toda mi vida: Un enorme cartel mostraba los cadáveres de niños alienados sobre el empedrado, podría ser Madrid, Valencia, Barcelona... y sobre ellos las sombra de aviones de bombardeos con cruces gamadas; detrás de ellos una vaga silueta de Hitler y debajo una frase que anticipaba la tragedia de Europa, qué digo de Europa, del mundo: "Hoy España, mañana el mundo"

Pero en Londres y París continuaban sin querer ver ni oír.

Al partir de Figueras topamos por primera vez con el nombre de Albacete.  Esa era nuestra meta, en un lugar de La Mancha, patria de Don Quijote. Puede ser que nosotros también fuéramos quijotes.

Durante el viaje sobre todo nos impresionó la huerta valenciana y el entusiamo con el que nos recibían por dónde pasábamos y dónde parábamos. 

Si en París ya me había convertido en una persona que no era yo y tenía 18 años, en el cuartel general me convertí en soldado, mejor dicho, en recluta. Mi único traje acabó en un montón de ropa y mi pasaporte, que había usado en el viaje a través de Francia, fue sustituido por el carnet militar, con el que me convertía ofcialmente en soldado del Ejército Popular, de lo cual aún me siento orgulloso.

De nuevo apareció un nombre desconocido para mí: Madrigueras, un pueblo al norte de Albacete, y aquí comenzó mi vida cotidiana como militar. Todos los días nos llevaban a hacer prácticas sobre el terreno: a levantarse de un salto, a marchar, a saltar, a arrastrarse entre los viñedos (que no eran como en Austria, sino pequeñas cepas que cubrían la tierra), y se nos enseñaban los conceptos fundamentales de un soldado de infantería. Cada dos días, después de la siesta teníamos que hacer prácticas con balas con el fusil de infantería de verdad y con la ametralladora.

Tras un período de instrucción de dos semanas como parte de la compañía de ametralladoras fuímos trasladados en dirección a Madrid al batallón austriaco, que estaba entonces en las afueras del pueblo de Quijorna. Seguimos a Teruel, y después, con el batallón especial estuvimos dos meses enteros en la batalla del Ebro. También participé en el segundo ataque en la defensa de Barcelona, y tras continuadas batallas hasta la frontera francesa, el 9 de febrero del 39 devolví mi fusil en el paso fronterizo.

El papel que jugó el contingente austriaco

En los últimos 17 años, después de mi jubilación, he recogido documentos y fotos que prueban la presencia de 1.356 austriacos en las filas del Ejército Popular a favor de la República. Según un documento del Instituto de Moscú, de fecha de 22 diciembre del 37, 1.210 austriacos estaban registrados en Albacete, entre ellos, 106 fallecidos. Un año más tarde, después de la retirada de los voluntarios, el registro de la misma fuente  habla de 1.133 voluntarios austriacos supervivientes. Si añadimos los fallecidos ( del 80% conocemos el lugar donde cayeron), tenemos la cifra a la que me refería antes. El resto son cifras de propaganda política de una parte y otra.

¿Quiénes eran estos voluntarios?

Los primeros eran austriacos que vivían ya en España. Ellos se incorporaron en las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas) desde Asturias a Sevilla, hasta en milicias de la CNT. Todos estos voluntarios murieron ya en Barcelona durante el ataque al cuartel de la (---)  Pocos días depués del golpe ya se ponían en marcha desde Austria los primeros voluntarios. Yo les llamé siempre los individualistas porque no tenían ayuda ninguna, ni de dinero ni logística. Su viaje a España fue una aventura, algunos vinieron con la bicicleta. Un grupo se fue a Asturias y la mayoría  a Cataluña, donde se formaba en Barcelona la centuria del maqui. Esta fase se terminó cuando se formaron las Brigadas Internacionales en Albacete el 22 de octubre de 1937. Entonces desde Austria  y las URSS vinieron voluntarios ya organizados. No desde el PCE, sino el Socorro Rojo Internacional, que dependía de la Tercera Internacional.

Los primeros austriacos refugiados en la Unión Soviética dejaban sus puestos de trabajo sin tener instrucción militar. Ya el segundo grupo vino en la primavera del 37 y habían recibido una instrucción: los tanquistas en Gorki, los ingenieros en ( ---)  y los de la infantería en (---).

Pero Austria  no sólo era un país donde se reclutaba gente. No me gusta la palabra reclutar porque no  era necesario hacerlo, ya que había mucha gente que quería ir, pero lo que faltaba era el dinero y organizar el transporte. Austria era un país de tránsito para todos los voluntarios de la Europa del Este y de los Balcanes y todo esto fue organizado por miembros del Socorro Rojo Internacional Austriaco, en dirección a Suiza y Francia.

Se puede decir que Austria ya  era el ojo de la aguja: Al norte la  Alemania de Hitler y al sur la Italia de Mussolini. En marzo del 37, la organización de transporte fue descubierta por la policía austriaca porque a partir de ese momento estaba ya la corriente de los hechos. También es interesante  el hecho de que todas las informaciones fueran divulgadas a las autoridades alemanas,  y no sólo las recogidas en Austria, sino también las del Consulado austriaco de Estambul recogidas por un espía que, pagado por el consulado austriaco, registraba el tráfico marítimo. Y el resultado fue divulgado a las autoridades italianas, de tal forma que  los submarinos italianos ya estaban preparados para hundir barcos con rumbo a la República Española.

Volvemos a los voluntarios 

Aproximadamente el 80% vineron de Austria; 170 de la Unión Soviética; 58 de Checoslovaquia; 42 de Francia;  y 30 del resto del mundo. Algunos, especialmente médicos, vinieron con ayuda particular (---)  o también la periodista ( ---) que trabajaba en la censura del gobierno y se casó después con un  famoso escritor español. Ella vino a España con la ayuda del señor Araquistain.

Cuando hablamos de médicos hay que decir que también había dos mujeres doctoras: (---)

En el servicio sanitario internacional de las Brigadas trabajaban una docena de austriacas como enfermeras. Una excepción era Sofía Mag, procedente de la Unión Soviética  y que  hizo las veces de intérprete porque hablaba ruso y español. Cayó prisionera en Brunete y fue condenada a la última pena en Talavera, aunque más tarde se la indultó y se le convirtió la condena en cadena perpetua.

Sabido es que después de la derrota de la República fuimos internados en campos de Francia todos. Fuimos una parte de la odisea de los republicanos en Francia. Sabido es también cómo nos trataba el gobierno francés: castigos, campos de trabajo... Después de la derrota fuimos prisioneros en Francia,  y luego presos en los distintos campos de concentración, junto a compañeros y camaradas de la lucha española. En Mauthasusen había 7.000 españoles rojos y murieron 5.000. Se puede decir que este campo fue construido con sangre española.

Nuestro destino estaba ligado una vez más  con la España Republicana. En los campos donde los presos políticos tenían una cierta influencia, la solidaridad fue natural. Mi recuerdo más precioso es un regalo que tengo aquí de los españoles supervivientes. Está aquí escrito: A nuestro querido amigo y camarada Hans Landauer como recuerdo de nuestro internamiento en el campo de concentración. Aquí estan registrados los nombres de 70 supervivientes españones.

Después de la retirada de los voluntarios el 23 de septiembre de 1938, durante la Batalla del Ebro, hicimos una promesa: Propagar la verdad sobre la lucha de la República. Fue 50 años después, cuando con la ayuda  del Archivo de Documentos de la Resistencia Austriaca puedo ofrecer a los españoles, al archivo de las Brigadas de Albacete,  copias de nuestros documentos y una biblioteca en lengua alemana sobre la participación de los austriacos en vuestra lucha.

Mis fuentes

Cuando empezó mi trabajo hace 17 años, después de mi jubilación, teníamos 36 dosieres de combatientes austriacos y ahora tengo 1.356.

Mi primera fuente fue una lista elaborada por un voluntario austriaco que recogió 1.824 nombres, pero era una lista sin rigor que no se sostenía, porque él no era un profesional.

Las fuentes más importantes dentro y fuera de Austria fueron las siguientes:

1.- El Archivo de la República Austriaca. Todos los datos de la  policía austriaca referente a España y voluntarios austriacos hasta la anexión de Austria al Reich, en marzo del  38, habían sido archivadas en la Dirección General para la Seguridad Pública. Fueron examinados y valorados después de la anexión por un grupo especial de la Gestapo y estos datos entraron a formar parte del fichero azul de la Gestapo que hoy en día está en Austria.

2.- Los informes diarios de la Dirección de la Gestapo. En ellos aparecen, por un lado, los voluntarios austriacos que se encontraban repartidos por la frontera franco-alemana, y  por otro lado, los prisioneros franquistas entregados por España a finales del 40 y principio del 41 en Hendaya y enviados a Viena.

3.- El libro de defunciones en el Registro Civil  de Viena; la sección para asuntos civiles de la Audiencia de Viena. Aquí se determinaron la fecha y lugar de defunción de 44 austriacos que habían luchado en la Guerra Civil.

4.-  En el campo de concentración de (---)  estuvieron 382 austriacos y 195 alemanes; otros 77 austriacos estaban recluidos en otros campos de concentración alemanes. De  todos estos 459, 84 murieron en los campos de concentración.

5.- Una lista sin firma fechada en el año 38, en Burgos, en donde figuran 663 brigadistas como prisioneros del franquismo, de los cuales, fueron identificados 45 alemanes y 28 austriacos.

6.- El libro blanco del Archivo Social Suizo, relativo a los familiares de los brigadistas.

7.- El Archivo Histórico Nacional, Sección Guerra Civil, de Salamanca, donde hay registrados 11.709 nombres de combatientes de las Brigadas Internacionales.

8.- Las listas médicas del hospital de Benicasim, de las cuales se desprende que ya en el año 37,  el 30% de los Brigadas estaban formadas por españoles.

9.- El Instituto para el Marxismo Leninismo en Moscú, hoy en día Centro Ruso para la Preservación y estudio de los documentos de la historia moderna. Hay dos listados numéricos de 1.133 y 1.210 voluntarios. 

 

 

 

 

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