Josep María Massons (Parte 1)

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Josep María Massons Martínez nació en 18 de Enero de 1913, en Valls (Tarragona). Falleció en Noviembre de 2012 en Barcelona. Esta entrevista está realizada en Benicássim (Castellón), en Junio de 2003 y en ella rememora su experiencia como cirujano del Servicio del Cuerpo de Sanidad de las tropas

Provincia: Tarragona
Pais: España
Año Nacimiento: 1913
Año Fallecimiento: 2012
Género: HOMBRE

Josep María Massons es de los pocos hombres de la medicina (uno de los cirujanos) que quedan vivos y  que estuvo en las Brigadas Internacionales. Su testimonio nos interesa no sólo por su experiencia vital, sino porque ha estudiado la historia de la sanidad militar española y ha escrito un libro sobre ello.

Nací en Valls, provincia de Tarragona, el 18 de enero de 1913. Fui el primer nieto que tuvo mi abuelo. Mi abuela era una mujer muy inteligente pero analfabeta, porque su padre, que era un agricultor acomodado, no quiso que aprendiera a leer para que no leyese malas obras. Ella puso una carnicería, y cuando yo ni siquiera hablaba, me enseñó a tener delante un papel o un periódico. Y me acuerdo que yo hacía como si leyese delante de las clientas. Y ellas sentenciaban: "ese niño será sabio". Y  yo he hecho todo lo posible, no para ser sabio, sino para ser erudito, que no es lo mismo.

Mi padre tenía una cultura humanística muy amplia que me la insertó a mi. Y cuando yo tenía doce años ya distinguía un arco románico de uno gótico. En mi casa éramos pobres pero millonarios en cultura. Y así, aunque estábamos en un pueblo del Pirineo donde mi padre era contable, decidimos estudiar el Bachillerato. Mi padre no sabía ni geometría, ni álgebra... e hicimos un trato: él me enseñaba a mi latín y yo a él la lección de álgebra. 

Acabé el Bachillerato y mi padre quiso que estudiase Medicina. Le obedecí y estudié Medicina. Y ejercí la medicina lo más dignamente posiblemente, pero al cumplir 70 años y jubilarme, decidí dedicarme a la pasión del estudio de la historia de la medicina y ahí están mis libros, escritos en los 20 años transcurridos desde mi jubilación.

¿En que universidad se graduó?

Del Bachiller en Zaragoza, con premio extraordinario. De Medicina en la Universidad de Barcelona, en 1934. Y entonces decidí prepararrme para ser un cirujano, por lo que ni me colegié, ni ejercí la profesion. Me dediqué a estudiar, a ver operar y a ver enfermos.

De tal modo que cuando estalló la guerra el 17 de julio de 1936 yo llevaba dos años sumergido en el hospital y tenía una práctica muy buena e infrecuente en los médicos jóvenes. Al estallar la guerra  me fui al hospital general a ofrecer mis servicios y allí me aceptaron y desarrollé un gran papel que me dio mucha fama en el elemento militar. Entonces, en marzo del 37, se formó la jefatura de sanidad de las Brigadas Internacionales.

El encargado fue un médico búlgaro que vio que tenía muchos médicos, pero no suficientes cirujanos. Y entonces el doctor Roch, que era un médico de Reus que dirigía la red de hospitales, le dijo si era posible que le enviaran de Cataluña dos equipos de cirujanos. Y Roch telefoneó a la Jefatura de Sanidad y en Barcelona nombraron  a dos jóvenes cirujanos: uno fue Moisés Broggi y otro yo. Y cada cirujano con dos médicos ayudantes, uno de medicina y otro quirúrgico.

Cuando llegamos a Albacete nos recibió el doctor y la conversación se desarrolló en alemán. Nos explicó una serie de cosas sobre cómo comportarnos, cómo atender al personal... Y nos dijo que estaríamos en Albacete alrededor de una semana porque nos iban a hacer unos uniformes a medida. Entonces comprendí que las Brigadas Internacionales eran un ejército profesional muy bien organizado. Cuando nos tuvieron el traje  hecho nos marchamos cada uno a su destino. El doctor Broggi fue enviado al centro y a mí me enviaron a Extremadura.

Mi primer hospital estuvo en Cabeza del Buey. Era un colegio de niñas de monjas carmelitas a las que expulsaron para convertirlo en hospital y en aquel momento estaba regentado por un médico de Madrid: el doctor Díaz Gómez,  un neurocirujano, pero era un hombre ya mayor de 50 años que no estaba para esos trotes. Allí se requería un hombre joven. Y entonces le sustituí y a él le mandaron a Murcia donde en retaguardia desarrolló un papel magnífico. Y me quedé de director yo.

Recientemente he ido a visitar Cabeza del Buey y me han recibido muy bien. Fui al colegio donde estaba el hospital, que estaba igual, pero reformado, claro. Y en frente seguía estando  la casa de los López de Ayala. Allí fui porque como los brigadas comían muy mal,  y les dije que si me aceptaban para comer y me dijeron que sí y comía con los oficiales.

El frente se movió y tuvimos que irnos a un pueblo cercano pero ya de la provincia de Córdoba que se llamaba en Benalcarzar. Ahí pasé un mes y medio y de allí me fuí a la zona centro porque se estaba preparando la batalla de Brunete.

¿Usted estaba en alguna Brigada en concreto?

Yo estaba destinado a 13 Brigada Internacional que era la de lenguas eslavas, cuyo jefe era un austriaco llamado Fritz Lendgge. Yo era el  cirujano de la Brigada pero atendíamos a todos los heridos que llegaban, fuesen de la brigada, de carabineros, de lo que fuese. Es más, en Brunete atendí también a prisioneros  de guerra.

Entonces, desde alli nos mandaron al centro y me instalaron en Hoya de Manzanares, en un hospital magnífico porque era un sanatorio. Y alli atendí a los heridos en la batalla de Brunete.  De aquello tengo un recuerdo horroroso porque trabajábamos 24 horas seguidas. Éramos tres equipos y nos turnábamos, y despues de cada jornada quedaba deshecho, sobre todo porque entre operación  y operación, para limpiar la sangre, cambiar las tallas... pasaban 20 minutos o media hora. Recuerdo que ese tiempo yo lo aprovechaba para descansar  y me tumbaba en una de las sillas que teníamos para los tuberculosos que tenían que estar al aire libre tapado con una manta. Y entonces, tenía que recorrer un corredor que tenía unos diez metros hasta llegar al quirófano, pero ese corredor tenía el inconveniente de que en él estaban las camillas con la gente que esperaban a ser operada. Y  aquel camino era trágico porque los heridos me tiraban de la bata y me pedían que fuera el primero. Me encontraba con muchachos de la quinta del biberón, que los llamaban, y que lloraban y pedían que viniese la madre;  o a los de las Brigadas... Recuerdo que me tumbaba en la cama después de 24 horas de trabajo y no podía dormir.

Después de aquella batalla, la 13 Brigada quedó tan diezmada que se nego a ir al frente. El que dirigía la sublevación se enfrentó con el jefe,  y el jefe se enfadó sacó una pistola y lo mató, y la Brigada quedó totalmente deshecha.

A mi me pidieron que abandonara todo el material que tenía, que dejara todo, la lámpara, la mesa, todo y que me fuese a Albacete a recibir órdenes.

Entonces me dirigí a Albacete y me informaron de que había hecho una buena labor. En un periódico que se editaba, AMI (Ayuda Médica Internacional) salía una foto del equipo de Masons que tan buen servicio había prestado. 

Entonces  fue cuando me dijo Telgue si tenía carnet de las brigadas y le dije que no. Y me dijo que le diese una foto para hacérmelo y cuando la vio se dio cuenta de que estaba totalemente cambiado: vaciado completamente. Y me dijo: "Camarada, tú estás muy mal.  Tú te tienes que ir a tu casa.  Vete ahora  a Barcelona y cuando vuelvas tengo una cosa para ti que te gustará mucho".  Y  eso bueno que me iba a gustar  es que me destinaron al hospital de Benicasim.

Benicassim fue en principio una serie de casas de reposo. El doctor lo organizó como un lugar de reposo para heridos leves que ncesitaban descanso. Pero en los hospitales de Albacete y los de Murcia resultaban insuficientes. Y entonces decidieron convertir Benicassim en otro hospital. Y probablemente fue uno de los más importantes junto con el de Murcia. Mucha gente no necesitaba cirujano, pero de vez en cuando se producían necesidades y siempre había trabajo. Y allí estábamos los 2 cirujanos de la 13 Brigadas. Allí recibimos a los heridos de Belchite.

La vida en Benicassim era completamente diferente a la del frente porque yo podía programar mi trabajo. Además por aquel entonces me casé con mi novia porque nos queríamos mucho y  porque pensé que allí no la exponía a ningún peligro. Estaba en la Villa Álvarez del Bayo que ahora es Méndez Vigo.

También sufrió un bombardeo

Sufrí varios bombardeos, sobre todo al final. De marzo a abril del 38 sufrimos   varios bombardeos con víctimas mortales y otros heridos que estaban muy mal

¿Servía de algo poner la cruz roja en el hospital?

Poner la bandera de la cruz roja en el hospital no servía de nada. No la poníamos porque alguno en un depósito de munición la había puesto y uno de espionaje se había enterado y entonces ya no tenía credibilidad... No la poníamos; estábamos a merced de lo que pudiera pasar.

¿Había vida cultural en este hospital?

Había dos clases de vida: Cada semana había una sesión médica en la que un médico presentaba un caso interesante para los demás, en español y en alemán; y la otra era de tipo artístico. El magnífico violinista Velmus y su hermana Encarna,  y un británico que tocaba el chelo hacían unos conciertos de música clásica interesantísimos. Allí adquirí una cultura musical muy interesante.

De la Batalla de Teruel también recibí heridos. Precisamente recibí un hombre de un pueblo de Alicante de Muchamiel. Tuvo una herida en el hombro y después de la guerra este hombre me buscó, y me encontró, y toda la vida me hizo regalos de pan quemado, que era un dulce típico de su pueblo.

Después vino ya la desbandada de Aragón de las Brigadas, ¿no?

Allí no  recibimos gran cosa.Y al final, lo que decidió la suerte del hospital de Benicasim fue cortar en dos la España Republicana, es decir, el avance de las tropas  franquistas hasta Vinaroz, Cuando vieron que esto se iba a producir, dieron órdenes  a todos los  efectivos de la  zona centro sur para que se desplazaran a Cataluña para no quedar  cercados. Y huvo una evacuación masiva, por tren, ambulancias...

Yo tenía en mi hospital la mitad de heridos que eran españoles. Y estos españoles no estaban comprendidos en la evacuación, y entonces fue cuando yo dije que según el Tratado de Ginebra el cirujano tenía que correr la misma suerte que sus heridos, de manera que si aquellos soldados se quedaban allí yo tenía que quedarme con ellos. El lo comprendió, pero me dijo que iban a fusilarme. Entonces me encogí de hombros, nos despedimos y no nos volvimos a ver más.

Me quedé y se hizo cargo de aquello el Ejército del Levante, pero el Ejército del Levante fue absorbido por el ejército de maniobras, es decir, unas tropas de choque que iban a donde les llamasen.  Había un cirujano madrileño que decía: nosotros somos los equipos quirúrgicos bomberos porque vamos allá donde hay fuego.

La evacuación del hospital de Benicassim se hizo con mucha organización y mucha tranquilidad.

¿Entonces a usted de las Brigadas Internacionales le transfirieron a otro ejército?

Fue entonces cuando abandoné  Benicasim y me mandaron a cubrir el frente del maestrazgo. De las Brigadas Internacionales me transfirieron al Ejército de maniobras, con un jefe madrileño, Recatero, con el que entamblé unas relaciones excelentes. Tenía muy mala fama, le acusaban de haber paseado gente, pero yo no lo sé. Él organizó un cursillo para los jefes de sanidad de las Brigadas para hacerles ver las posibilidades que tenían los hospitales, cómo tenían que evacuar...

Recatero sufrió una represión terrible. Lo detuvieron y en uno de los interrogatorios le rompieron los dos brazos, y aprovechando un descuido él se arrojó por el hueco de las escaleras y se sucicidó. Era del Partido Comunista.

De Benicasim nos fuimos al Monasterio de San Pablo, pero sólo estuvimos una noche porque se oía la ametralladora como si estuviera cerca. Un hospital tenía que estar cerca del frente, pero no tanto que pudiera ser objeto de un ataque de la artillería.

Después nos fuimos a la Pelechana y después de la Pelechana nos trasladaron a una casilla de peones camineros. Nos bombardeó la aviación, nos cayeron disparos de la artillería antiaérea... Y al final, de ahí nos trasladaron a Alcorn, y en una fábrica de mosaicos estuvimos un par de días. Y luego a unas barracas que albergaban unos pozos... Y de allí nos mandaron ya a Valencia, donde tuve la suerte de encontrar a un director excelente. A Valencia  llegué en julio del 38.

Los nacionales llegaron hasta Sagunto. Ellos tenían el Ebro que  les protegía por el norte pero querían también tener una protección por el sur. Yo ceo que la idea de Franco era conquistar el puerto de Valencia porque por ahí entraba mucho material de guerra, de aprovisionamiento... Pero lo que  interesaba realmente era alcanzar Cataluña. Una vez que en la Batalla del Ebro se derrotó al Ejército Republicano, ya no hubo resistencia ni nada.

¿Y qué ocurrió cuando entraron los franquistas en Valencia?

Nada. Cuando entraron los franquistas en Valencia desfilaron triunfantes y entonces  pude ver la miseria de la sanidad militar franquista: un carrito con un burro, por ejemplo. La sanidad republicana funcionó muchísimo mejor,  y la razón era que la  sanidad militar del ejército franquista era una sanidad militar, rigurosamente  reglamentada, y con un reglamento que había que cumplir a rajatabla, pero  ese reglamento muchas veces fallaba. Y así pasaba, que venía un capitán y decidía por encima de la autoridad sanitaria.

Sin embargo, en la sanidad Republicana se podían hacer sugerencias y se buscaban ideas originales que se aplicaban. Un ejemplo es que cuando yo fui a casarme me dijeron: "Usted puede comprar todo lo que  estime que va a necesitar". Esto era impensable e inadamisible en un ejército regular, donde todo pasaba por el servicio de farmacia al que tú le tenías que pedir, y te lo daba o no te lo daba.

Yo fui a comprar a la  farmacia y después pagaron las Brigadas. Había más agilidad. Y esta es la razón por la que la Sanidad  de la República funcionó mejor. Ahora bien, con la sanidad militar no se gana ninguna guerra; la guerra se gana con aviones, con tanques y con infantería, y en eso sí que los franquistas nos ganaron.

Yo tuve mucho cuidado porque sabía que vendría la represión. Yo estaba bien de capitán, no me interesó tener otro grado porque tampoco pensaba quedarme en el ejército. Estaba muy bien considerado y tenía un servicio magnífico. 

¿Sufrió algún juicio o  represalia?

No porque tuve mucha suerte.Yo le llamo la providencia, otros lo llamarán buena suerte. El último día de guerra un camión entró en un pueblo con el altavoz a toda marcha y un grupo de rojos les dispararon e hirieron gravemente al conductor. Entonces me lo trajeron al hospital a Valencia, lo atendí y se salvó.

Este hombre, como el Ejército que entró, nos respetó y nos trató muy bien. Y un día, cuando fui a ver al enfermo me preguntó qué podía hacer por mí y le dije: Quiero un coche para  ir a Barcelona. Y me dijo: Yo se lo miraré. Y al día siguiente me dijo que había una camarada que iba a Barcelona y que me fuera con ella, en un coche pequeño. Cuando íbamos pasando por un pueblo muy pequeño al norte de Valencia, empezó a a salir humo del motor y el soldado dijo de ir  a un sitio donde hubiese  Y al final, llegamos a Barcelona.

El segundo golpe  de suerte fue que yo era un brigada, un suboficial que había ascendido. Hubo gente que encontró la oportunidad de su vida para ascender porque la  República los necesitaba. Y no distinguieron entre el médico de Medicina que estaba deseando tirar el uniforme y volver a la vida civil, del que ya estaba instalado. Yo no sabía todo esto y cuando me fui al juez que me correspondía, de pronto salió un oficial que me conocía y me dijo: "¿Massons, qué haces aquí?" ( Me conocía porque fui becario por la Facultad de Medicina y él por la Facultad de Derecho y nos hicimos  amigos). "No entres". Y al rato salió y me dijo que le llevara unos cuantos avales más. Él era teniente de complemento, era del cuerpo jurídico.

¿Estaban bien formados los médicos de las Brigadas?

Sí, señor! No eran aventureros; eran médicos. Casi todos procedían de Polonia y muchos  eran judíos. En toda  la unidad había un gran antisemitismo porque entonces los que querían ser médicos iban a formarse a Alemania. Había gente que no estaba muy bien preparada.

De las Brigadas unos dirán que eran los golfos del mundo que venían a hacer la guerra, a violar a las mujeres, a robar...;  y otros dirán que  eran grandes idealistas que vinieron a darlo todo por la libertad del pueblo español. Ni una cosa  es verdad, ni lo es la otra.

 

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