Juan Miguel de Mora

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Nació en Madrid en 1921 aunque pronto se fue a vivir a Méjico, país de origen de su padre. Estudió en Méjico y en París. En 1936 se trasladó a España para unirse a las Brigadas Internacionales.

Pais: México
Año Nacimiento: 1921
Género: HOMBRE

Estaba yo en Figueras. Era comisario de compañía. Estaba todo el Ejército de la República retirándose una parte. Por ejemplo, la División en la que yo estuve en el Ebro, que era la 35 División (que la mandaba Pedro Mateo Merino, cuyo jefe de Estado Mayor era Blas López Fandos), pasó en orden. Pero había otros muchos que pasaban de mala manera.

A mi me dieron una comisión en Figueras, pero yo no era más que comisario de compañía. El capitán que tenía que tener yo, estando en Figueras cayó una bomba y le hirió en una pierna y se lo llevaron para Francia. Es curioso que yo tenía 17 años y me hice cargo de la compañía, cuando el  más joven de los que había conmigo tenía 24 y los había mucho más mayores.

Era una compañía un poco heterogénea porque había recuperado un soldado de aquí y otro de allá. Que si un carabinero por aquí, un guardia de asalto, un soldado...

En esa compañía estaba conmigo Manuel Lamoneda Monje, un sobrino carnal de Ramón Lamoneda, que era entonces el secretario general del Partido Socialista Obrero Español. Digo esto porque se llaman igual pero no es lo mismo. El PSOE era otro PSOE. No digo que fuera perfecto, pero era otro muy diferente. Entonces era la noche en la que debía entrar el ejército franquista en Figueras. Toda esta unidad estábamos en un lugar largo, con una única salida, y teníamos tres vehículos. Con esas condiciones y en ese lugar empezaron a entrar las primeras patrullas. En realidad, la quinta columna ya estaba en la  calle. Ya habían pasado los dinamiteros que intentaron volar el castillo inútilmente porque no volaron nada.

Bueno... de esa noche recuerdo que primero había  ido al comedor militar y cuando llegué había caído una bomba al lado, con lo cual los platos de garbanzos estaban llenos de cristales, y cada garbanzo lo cogíamos con un palillo y lo sacudíamos para que no llevara nada.

Y al volver  le dije a Manolo: Vete a comer. Y sue fue pero a los cinco minutos regresó porque la siguiente bomba había caído en medio del comedor. Con lo cual,  si yo hubiera tardado cinco minutos más en comer, no estaría aquí. Y si él hubiera llegado antes al comedor tampoco.

Esa noche ya estaban encima y había quintoscolumnistas saliendo de Figueras. Yo no confiaba mucho en la gente que  tenía  porque a esas horas  de pánico no era fácil confiar en nadie. Y les dije: "Espérenme aquí",  y me fui a incendiar el depósito de intendencia, en el que no había más que  cosas militares como uniformes, correajes. Lo empecé a incendiar con la ayuda de un carabinero cojo que había por allí y entonces se abrió la puerta y entró un grupo de  civiles armados que  eran profranquistas, pero les apunté con el naranjero (tipo de fusi) y les dije que se pusieran todos a un lado. Salí y me fui en dirección a nuestra base, y cuando llegué allí me encontré a Manuel Lamoneda Monje sentado en el parachoque del primer automóvil porque había dicho "de aquí no nos  vamos hasta que no  venga Mora", y aunque  los  demás querían mover los vehículos, como él estaba sentado el primero se lo impidió. Eso fue lo que me salvó la vida porque los fachas ya estaban en Figueras.

Apenas habíamos salido de Figueras cuando nos topamos con la columna de evacuación. Me acuerdo de ver una señora viejecita con un loro, una pareja de viejecitos con una carreta  de bueyes... libros  tirados, de los  cuales, por cierto, aún conservo alguno en el que  pone "libro  encontrado por mí en el monte en  plena retirada").  Pero claro, no podíamos  seguir y dejar a los viejitos. Entonces extendí a mi gente a lo largo de toda esa carretera que tiene 26 kilómetros hasta la Junquera, y tardamos tres días.

Es curioso que siendo antimilitarista me haya tocado ser militar en varias ocasiones. Nosotros estábamos en contacto directo con el enemigo porque mandaban patrullas, se producía un intercambio de  tiros,  nos retirábamos y entonces venía un avión franquista  y bombardeaba donde habíamos estado.

Y así, en contacto directo con el enemigo conseguimos llegar a la Jonquera. Recuerdo que allí estaba ardiendo una casita en la frontera y en una mesa que también estaba ardiendo me encontré una lata de leche condensanda de La  Lechera y me la tomé entera, chupada en directo.

El caso es que  después de muchas peripecias llegamos a la frontera, pero otra vez a llorar porque los gendarmes y algunos soldados nos presentaron armas. Allí estaba una delegación de las Juventudes Socialistas Unificadas de Figueras que me recibieron y me dieron un documento que aún conservo.

Y después de éso pues lo siguiente fue el campo de concentración de Saint Cyprien, pero como no me gustan los campos  de concentración pues me escapé y ya que me escapé me pusel en contacto con la  embajada de México con Fernando Gamboa y ya me alejé de todas estas cosas. Bueno, cuando digo que me alejé de la guerra es una forma de hablar porque de esa guerra nunca me he alejado ,pero por lo menos físicamente sí que lo hice.

¿Recuerda como fue la travesía de Francia a México?

Ahí no hubo españoles. Yo tenía otras relaciones con México previas y vine tranquilamente en un transatlántico de una compañía francesa llamada Bretagne. Ese barco nos llevó hasta  la isla de Guadalupe, de ahí cogimos otro a Santo Domingo, de ahí a Santiago de Cuba y por último a México. En ese barco también había personas refugiadas, que iban en tercera, pero era  un barco de pasajeros. Luego, cuando estalló la guerra, ese mismo barco fue bombardeado por los alemanes,  lo torpedearon y lo hundieron.

¿Cómo recuerdas la palabra miedo cuando estaban en los combates? ¿Cómo lo viviáis?

La palabra miedo no la usábamos mucho porque todo el mundo lo tenía  y todos los sabíamos. No  era necesario decirlo y no hubo ninguna revelación al respecto. Lo que pasa es el que al miedo te acostumbras, igual que a la guerra; se acostumbra uno absolutamente a todo. El miedo no se quita nunca pero en aquellas cicunstancias teníamos obsesiones mucho más fuertes, como por ejemplo la de no retroceder, la de no ceder terreno. Todos los internacionales que estábamos en la 705, la mayoría extranjeros aunque también había españoles, asumimos la frase "No pasarán". Pero éso no se puede explicar ¿para qué? Eran cosas que sentían las personas que estaban allí y sentían adentro de uno,pero es difícil que las  generaciones posteriores entiendan eso. Sobre los combates y esas cosas es inútil entrar en detalles porque es muy difícil transmitir lo que aquello fue.

Hoy me contaba un joven que su suegro había  estado en la guerra pero que no quiere hablar de nada de eso. Y yo lo entiendo porque uno tiene la sensación de que hablar de algo de lo que otros no han vivido es una inutilidad. Aunque quienes no las han vivido les puede tocar vivirlas en cualquier momento. La teoría de los héroes es una estupidez. El héroe es un señor común y corriente que en determinadas ocasiones hace determinadas cosas, pero no deja de  ser común y corriente.Pero no se puede transmitir lo que supone eso,  no hay descripción.

El otro día en una conferencia decía un señor que pasó mucho tiempo hasta que pudo escribir y lo entiendo porque yo tuve que esperar 50 años para escribir de la guerra de España, a pesar de que durante  todo eses tiempo estuve escribiendo libros y novelas, pero nada sobre la guerra.

¿Recuerda  algún acontecimiento de las relaciones en México entre brigadistas?

En México yo estuve y coincidí con todos los brigadistas. Allí estuve con un compañero  que  era muy amigo mío de las Brigadas en España... En aquellos tiempos empezó la Segunda Guerra Mundial y lo que nos unía a todos era que estábamos empeñados en luchar contra el nazismo. Recuerdo también a Roberto Vega González, al que fui a esperar cuando lo soltaron los franquistas después de haber estado siete veces condenado a muerte, en Burgos.

Hubo una gran camaradería hasta que se acabó la Segunda Guerra Mundial, hasta que todos fueron recuperando sus ciudades, sus patrias... todos hablábamos de España y soñábamos con España.

Cuando en México vimos que Alemania perdía la guerra, la asociación de militares profesionales republicanos españoles organizó un curso de guerrillas para, supuestamente, atravesar  los pirineos para poder cruzar a España. Yo seguí ese curso porque de guerrillas no sabía nada. Nos dieron un diploma y yo bromeo cuando digo que soy guerrillero  diplomado. Desgraciadamente esa misión fracasó y no pudimos hacer lo que pensamos. Hubo gente que estaba en la Resistencia y logró pasar,  pero nosotros no.

¿Cómo sentía el peso de la dictadura de Franco afianzándose aquí? ¿Te motivó algún tipo de acción o lucha?

Por eso regresé a España clandestinamente, bajo los  auspicios  del Gobierno Vasco en el exilio que presidía José María Leisaola. Entonces entré en el País Vasco y estuve allí un tiempo a las órdenes  de la Junta de Resistencia de Bilbao e hice ahí todo lo que pude.

A mi me producía más miedo e inquietud la clandestindidad que los combates en el frente, porque en el frente uno sabe que lo pueden matar a uno y está todo claro. En cambio, andar por las calles  de Madrid, de San Sebastián o de Bilbao pesando "aquel tipo  que viene con el sombrero igual es de la brigada social;  ¿me habrán descubierto?... ¿llegaré a casa?"

Los nervios surgen más cuando uno está perseguido por la policía y como me hicieron además ese favor publicitario de sacarme en los periódicos diciendo que "nos visita una alimañana, este periodista mexicano...", pues nunca sabía si lo que me iba a tocar de pronto era una pistola. Eso fue en 1964.

El señor Fraga Iribarne no entendió el asunto y  le molestó mi presencia. La propaganda  española  estaba divulgando por todo el mundo el mensaje "25 años de paz".  Y entonces llegué yo y empecé a escribir para la revista que más  circula en México y en toda América Latina, la revista Siempre. Empecé a escribir  sobre lo que era la España de Franco de verdad, no la España que mostraba la  publicidad. Sobre cómo vivía la gente, como  vivían los obreros, cómo  era la represión, cómo funcionaban los sindicatos. Y todo esto estaba saliendo cuando Fraga  estaba intentando traer turismo a España y le molestó. Y como era un poco tonto, en lugar  de quedarse callado y que lo que yo escribía  pasara desapercibido, empezó a publicar en El Español, que era el periódico del Ministerio de Información y Turismo, planas enteras insultándome. Una editorial publicó en un librito llamado " Misión de prensa en España" los artículos y la carta a Fraga poniéndole del asco. Fidel Miró se llamaba el director de esta editorial anarquista. Luego ya he escrito un libro completo sobre mi incursión en la España de Franco que se está pulicando en la Universidad Autónoma de Méjico, sobre esta incursión mía en la España de Franco.

 

 

 

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