Víctor Rubiera

Cargando...

Natural de Oviedo, en su entrevista relata como se trasladó a Madrid durante la guerra civil para conseguir tener noticias de su padre que se encontraba en el Frente de Guadalajara. En ese momento se incorporó a las Brigadas como artillero.

 

Municipio: Oviedo
Provincia: Asturias
Pais: España
Año Nacimiento: 1922
Género: HOMBRE

Yo nací en la ciudad de Oviedo, el 17 de abril de 1922. A los pocos años, a los cinco o seis, mis padres se trasladaron a Castellón, Burriana, y de allí a Nules. Mi padre montó un taller en Nules y como consecuencia de las grandes crisis económicas venidas de Estados Unidos, el pueblo valenciano sufrió grandes perjuicios. La economía estaba mal y mi padre tuvo que cerrar el taller. Pasamos muchos años malos porque la economía estaba por los suelos. Entonces estalló la revolución franquista que tan dramática fue para el pueblo español y que tuvo tantas consecuencias nefastas.

Mi padre salió para el frente de Guadalajara y no sabíamos nada de él. Mi madre estaba sola. Y para saber de mi padre, yo me fui a Madrid un año más tarde. Estando allí conocí a un comisario francés. Hablando y hablando, fraternizamos mucho y le conté sobre mi padre. Yo estaba desorientado y perdido, era cuando los bombardeos en Madrid, y entonces él me dijo: "Vente conmigo". Y me incorporó a las Brigadas Internacionales de artillero.

El problema era tan grave debido a las irregularidades del Ejército Español que una vez estabas en un lado y otras en otro, y ante las grandes deficiencias dentro del ejército, pues los enemigos del régimen nos estaban atacando y cercando.

Combatí en el frente de Madrid, en la Ciudad universitaria, en la Casa de Campo y en Pozuelo. Luego nos trasladaron cuando la Ofensiva de Belchite, al frente del Ebro y allí combatimos en toda la exrtensión. Una vez finalizada la contienda aquí regresamos a Valencia. Por ahí vino el famoso libro blanco, por el que se retiraban las Brigadas internacionales. Estuvimos estancados en Silla (Valencia) en un molino, todos los artilleros que estábamos destinados: los polacos, algunos ingleses y algunos alemanes. Allí estuvimos tres meses hasta que ellos se fueron, los retiraron hacia Alicante donde embarcaron. Y al resto, a los españoles y a los procedentes de Francia nos trajeron a Almansa.

Allí formamos otro grupo; me formé mejor militarmente (en el Observatorio con el telémetro). De ahí me bajaron al grupo de artillería con los cañones Skoda y allí estuve combatiendo.

La información dentro del Ejército Repúblicano era muy confusa porque no se sabía si había termindo la guerra o no, y se propagaban ideas falsas. El caos dentro del Ejército era terrible porque a los que querían entregarse se les ejecutaba. Eso me dolió mucho porque no era justo que quienes habían luchado y dado su vida por un ideal se les ejecutara.

La desbandada número uno de este glorioso ejército español. Cuando íbamos por la carretera veíamos los fusiles tirados, los cañones, los teléfonos, las centralitas... Caminando, caminando... llegamos a Sagunto donde nos esperaban los carlistas navarros y ahí nos detuvieron a unos 50.000 y nos llevaron a Moncofar, una playa cerca de Sagunto. Y allí con alambradas nos tuvieron prisioneros. Nos daban una lata de sardinas cada dos días. Allí se torturaba y se mataba y vi crímenes horrendos de estos señores, y dar palos y matar gente.

No había respeto ni nada. Había muchas delaciones entre los propios compañeros y yo ya era hombre muerto. Y estando en una alambrada me dice un hombre de los de Franco: "¿Y usted de dónde es?" - "Yo soy asturiano, de Oviedo, lo que pasa es que viví en Valencia" - "Ah pues voy a hablar para que lo saquen inmediatamente".

Me presentó al falangista jefe y tuve ocasión de presenciar cómo el jefe daba la orden de que se fusilase a tres personas. Entonce me dijo: "¿De dónde es?" - "De Nules", contesté. Y me sacaron enseguida.

Decidí ir caminando a Nules, pero como no tenía papeles ni identificación, ni nada, me fui a Castellón de la Plana para conseguir un certificado o un salvoconducto para  trasladarme a Asturias.

En la comisaría de Castellón vi también como se maltrataba. Y cuando conseguí el salvoconducto me fui de Nules a Valencia en un tren, como si fuéramos ganado, que tardó cuatro días. De Valencia me fui a Madrid, y de allí a Asturias.

Una vez allí llamé a mis tías porque tenían una tienda y ya habían traído a mi familia de Valencia. Entonces empecé a trabajar: primero en una cantera; luego rellenando carreteras; y después un tío me llevó a La Felguera y durante dos o tres años estuve trabajando de mecánico.

Con el tiempo, luché por mi familia y me ocupé de mi familia. Y a mi regreso de América yo esperé que me ayudaran, pero mis hermanos en ese lapso de tiempo habían cambiado influenciados por mis tíos, y olvidaron los ideales por lo que habímos luchado mi padre y yo.

No me dieron ayuda ninguna cuando vine para solucionar algunos problemas dramáticos que tengo; no he tenido apoyo de las administraciones, ni de los ciudadanos españoles, salvo algunos casos de personas que generosamente me han brindado su ayuda.

He sufrido mucho porque luché por mis ideales y las Brigadas Internacionales me merecen un respeto. Estando yo en Montevideo, un señor del Ayuntamiento de Albacete dijo que nosotros éramos asesinos y carniceros, cosa que no es cierto porque nosotros fuímos a combatir por una España mejor y por un mayor bienestar para el pueblo español.

Sacrificamos nuestros ideales y no se nos ha renocido ni a las Brigadas ni a nosotros, Y no hay derecho. Las Brigadas Internacionales merecen el respeto y la admiración del pueblo español.

¿Cuando usted se incoporó a las Brigadas usted militaba en algún partido? 

Yo sentía dentro de mi corazón los ideales. Porque mi padre era socialista y yo viví de la esencia de mi padre. Y como gran soñador, creí en el socialismo y creí en los hombres que luchaban por esa ideología. Desgraciadamente, dentro del socialismo también hay muchas disidencias. Porque como me fui a la guerra no me atendieron como deberian haberlo hecho. Incluso me dijero que por qué me había ido al frente, que me hubiera quedado. Cuando un hombre siente algo es capaz de sacrificar su vida por un ideal. Si no España no hubiera llegado a ser lo que es. Y sin embargo, lo pagamos caro.

¿Usted está satisfecho con el comportamiento que tuvo el Partido Socialista entonces?

Durante la guerra fue maravilloso, luego no. Los embriagó el poder, las posiciones y tuvieron sus fallos. Dentro tomaron el partido como algo propio para su bienestar. Pablo Iglesias le dijo a sus discípulos: "Vended vuestra ropa, pero no vendais vuestras ideas".

Sin embargo, en la actualidad no han tenido muchos socialistas esa frase presente. Yo lo he visto en Asturias y algunos que se hacen llamar socialistas no deberían  serlo.

¿Qué opinión tiene usted ahora, desde la distancia y el tiempo, de las Brigadas Internacionales?

A las Brigadas vinvieron gente de todas las clase sociales muchos sin sentir la ideología, sólo porque les daban un sueldo. Pero también vinieron hombres muy gloriosos, muy intelectuales y esos son a los que yo admiro y respeto. Éramos idealistas.

¿Después del 39, usted tuvo contratiempos por ser de las Brigadas?

No porque yo nunca lo dije, ni lo mencioné. Y en Valencia no sabían mi historia porque mis tíos lo taparon. Yo me dediqué a trabajar. Mi padre tuvo que ocultarse y no ir a Asturias para no perjudicar a mis tías porque ellas eran beatas, de derechas, y mi padre era de izquierdas. Y mi hermana Maruja, cuando regresó, se fue a enamorar de uno del tercio, otro golpe terrible. Y ella nunca me ayudó, éramos enemigos, y mis hermanos, de derechas. Y cuando iba siempre les escuchaba hablar de los socialistas, de lo estafadores que son. Y eso no es verdad. Que haya habido excepciones es algo natural, pero el pueblo español debe mucho al socialismo.

Yo siento respeto por todos los hombres. Cómo decía el filósofo Balmes...me dan pena aquellos hombres que sólo piensan en el mendrugo de pan que se van a comer hoy. Una idea, sólo una idea, vale más que todo el trigo que se pueda producir en los campos de Ucrania. Es decir que la idea está por encima del egoísmo del dinero y del egoísmo del estómago. Yo he sido fiel a esos principios, por eso ahora estoy a veces amargado con muchos socialistas, porque no hay unión y están pensando en tomar el poder uno u otro. Eso hace un daño terrible al socialismo, pero el socialismo se tiene que unir y que purificar, y esa es la lucha que ahora está teniendo. Por eso deseo de todo corazón que vuelva a gobernar para que pueda demostrar que vale para gobernar. No es cierto eso que dicen de que todos son malos. Hay gente muy capaz que pude hacer mucho por España.

¿Qué sentimiento les produjo conocer la noticia del acuerdo para que las Brigadas Internacionales abandonaran España?

Un sentimiento dramático, de tristeza, de angustia... porque ya veíamos que habíamos sido traicionados después del papeleo de Londres, porque los ingleses tuvieron mucha culpa. Cuando hicieron el bloqueo a los buques que estaban en el Mediterráneo y bajaban los soldados, ahí ya veíamos que se estaba traicionando a España. El sentimiento es,  no hacia el pueblo inglés ni hacia el pueblo francés, sino hacia sus gobiernos y sus políticas. Ellos impidieron que nos llegaran las armas por Irún a los luchadores que estábamos en el norte de España. Nuestro pesar fue muy grande y a mi me dura todavía.

En la posguerra, cuando usted estuvo en Asturias militó en alguna organización o estuvo en la resistencia?

No, no, me aparté totalmente. Quería purificarme y que cicatrizaran las heridas que eran muy grandes. En Nules, la aviación que salió de Palma Mallorca y que estuvo noche y día, noche y día, bombardeando y metralleando.. a mi esas imágenes se me quedaron grabadas. Esos bombardeos fueron terribles porque empezaron por la estación, luego por la calle  mayor  y luego por el Teatro Alcázar, pero la del teatro Alcázar, como vivíamos al lado cayó en mi casa y nos quedamos con la ropa puesta.

¿Cuándo se fue usted a Uruguay? En 1950 o 51. Y no volví jamás.

¿Y allí militó en algún partido? Si allí he tenido muchas conversaciones con el señor Gargano, secretario general del Partido Socialista. Yo soy militante del Frente Amplio de Montevideo. Incluso me reuní con Borrell en la casa del pueblo de Montevideo y le entregué una carta contra el señor de Albacete que nos llamó asesinos y carniceros. Le conté que había escrito al alcalde para que exigiera que pidieran disculpas públicamente porque las Brigadas no se merecían ese insulto, pero nadie salió en defensa de las Brigadas. Incluso escribí al Partido Socialista de Albacete que tengo el acuse de recibo de las carta pidiendo que intervinieran y no me respondieron. Y al Partido Socialista de Oviedo y tampoco. Le pedí a Borrell que se hiciera justicia por estos ataques.

¿Cómo acogieron en la colonia española en Montevideo, y en concreto los militantes de izquierdas,  la muerte de Franco? Pues con una gran alegría y con una gran satisfacción porque ese hombre no merecía llamarse español después de haber traído a España una guerra que los españoles no merecían. Si esa guerra no hubiera existido, el pueblo español hubiera sido muy superior a lo que es ahora, y si  hubiéramos desarrollado más el embrión hubiéramos llegado mucho más lejos. Fue culpable de miles de muertes, de las masacres y de los asesinatos, porque el terror que imperó fue grande. Cuando ibas por la calle a los rojos les señalaban y no se podía ni caminar. Su muerte para nosotros fue una gran bendición de Dios. Habíamos visto a los batallones de castigo que levantaron el Valle de los Caídos con lágrimas y sangre ya los prisioneros que fueron a construir carreteras que fueron tratados como esclavos. Se trató de una forma muy cruel. Fue una gran alegría y hubo grandes manifestaciones. Y en cuanto al pueblo uruguayo quiero que sepa que es un pueblo generoso.

Me ha llamado la atención cuando me ha contado su salida del campo de concentración de Valencia. ¿Simplemente por identificarle de una procedencia le dejaron salir? No, fue más bien un acto de humanidad de un asturiano hacia otro  asturiano porque como me vió tan joven con el uniforme militar, no el de las Brigadas que era otro distinto al de la República. Yo no sé a que atribuirlo, pero me dejó salir y yo me fui corriendo porque pensé: no se vayan a arrepentir estos gachós.

¿Tenía usted graduación? No. Yo estudié después en Valladolid Medicina, y luego tuve que hacer el servicio militar porque era obligatorio. Ingresé en el ejército español en defensa química que era un cuerpo especializado en la guerra bacteriológica y la guerra química. Y entonces ahí ingresé de soldado.  

 

Bookmark and Share

Arriba Enviar a un amigoEnviar a un amigo Volver AtrásVolver Atrás

 PresentaciónTemasBúsquedaRetratosNormasContactoCEDOBIEnlaces |Mapa web | Aviso legal | Política de Cookies
Instituto de Estudios Albacetenses "Don Juan Manuel" - 2015
Esta página esta optimizada para navegadores Chrome, Internet Explorer 9 y Firefox 4.0
Diseño y Desarrollo web Im3diA comunicación