José Antonio Martínez Sánchez

José Antonio ha vivido toda su vida en Alcozarejos, pedanía de Jorquera, donde actualmente ya solo quedan dos familias. Él y su padre han trabajado en la central eléctrica que se encuentra junto al río Júcar. Nos describe cómo era su trabajo y diversos rescates de gente que casi se ahoga en el río. Nos cuenta también cómo pescaban, cómo vio bajar troncos por el río y las dos riadas más grandes que se recuerdan: la de 1941 y la de 1982.

Fecha de entrevista: 01/07/2021

Comarca: La Manchuela
Municipio: Jorquera
Provincia: Albacete
Pais: España
Año Nacimiento: 1941
Género: HOMBRE
Entrevistador/a: Antonio Lucas (Producciones Bressol)

Yo me llamo José Antonio, tengo 80 años y he vivido toda la vida aquí, yo no me he ido de aquí y mi familia toda la tenía aquí.

Entrevistador: ¿José Antonio qué más?

José Antonio Martínez Sánchez.

Entrevistador: ¿Y dónde nació dice?

En Alcozarejos, todo pedanía de Jorquera. Y aquí me he criado, nos criamos 8 hermanos en la casa y quedamos dos, los demás todos han fallecido ya. Mi padre murió con 88 años y murió aquí también, está ahí, en el cementerio de la Ribera está enterrado.

 

(Central energética) (Oficios)

TRABAJO EN LA CENTRAL HIDROELÉCTRICA

El hombre no salió de aquí. Estuvo empleado en esta central, en esa central que hay y en la de Moranchel, cuando la guerra. Estuvo toda la vida, estaba por aquí, él no se ha ido de aquí.

Entrevistador: ¿Qué hacían en la central?

Pos empleado de servicio, iban con el servicio, en esa centrales, que habían 9 empleados. Había dos turnos y el correturno. Y yo he trabajado también mucho en Hidroeléctrica, sí, mi hermano se jubiló de Hidroeléctrica, que era jefe de línea y yo he trabajado mucho con él en las líneas, entonces eran de postes había que subir con los trepadores a los postes de madera. Con un cesto así hemos salido, porque Albacete tenía las centrales esa que hay allí, tapábamos todos los años para la Feria de Albacete, tapábamos el río con unas vagonetas, que como los trenes, vagonetas de hierro, iban por los raíles, la llenábamos de tierra y las volcábamos y tapábamos todos los años el río para que la central pudiera funcionar para que tuvieran luz en Albacete.

Entrevistador: ¿Tapaban el río para qué?

Para que la central tuviera más agua, no se escapara, y la central funcionara y sacara corriente para toda Albacete. Claro. La corriente había una línea y el teléfono tenían también, pero el teléfono eran unos filetes muy finitos, pues en cuanto caía mucha nieve se rompían y a la línea, a liarla con un vasco, así salíamos. Con la nieve, así salíamos a arreglarlo, no había otra entrada nada más que esa línea. A la central. Teléfono de aquellos que le daba así. Lo llevamos en las costillas y ande los subíamos a un postre enganchamos los hilos y llamábamos a Albacete. ¿Cómo llevas la avería? ¿Ande estáis? Y así nos comunicábamos. Se ha roto el hilo y ya no va el teléfono, se ha partido el hilo, había que empalmarlo para dar servicio. Y la de la corriente, como eran ya más gordos, no se rompían tanto, pero el teléfono era unos filetes muy finos y en cuanto tenía mucho peso se partían. Y teníamos que arreglarlos, claro, sino no había servicio para Albacete. Esta empezó la Electra Albacetense, que ahí están las letras puestas, las habrás visto, esa es la Electra Albacetense, luego la compró uno de Alcalá, que ahí había un molino que molía el trigo, la cebada, está el molino aún, lo que pasa es que ahí hay una pila, donde estaba antes la balsa del agua y ande entraba a las palas y lo vallaron todo eso y taparon la puerta al molino. Entonces, este hombre que compró eso, se quedó con esto y la jefa que había aquí del Molino le dio el molino y él hizo la central. Que había una central allí y aquí el molino molía y la central sacaba su corriente, claro, había tres  empleados. Funcionaba muy bien. Entonces venía un río de agua, sobraba agua para la central y echaba por donde tengo yo la huerta. Es un… el río hace esto y de aquí han sacado un canal a este lado y este rodal de río se queda pos medio vacío. Tiene agua,  pero medio vacío. Entonces, cuando la presa dispara por aquí, la tira otra vez al río ese y la otra se la traga por aquí el canal a la central a funcionar. Tienes de alto pues unos 50 o 60 metros, cae el agua de así del cerro a las palas. Entonces con poca le hace funcionar, esa central saca mucha corriente, si tuviera agua. Sacaba 1500 cada máquina y que hay dos. A 1500 pos sacaba cada turbina. Y hay dos turbinas que estaban siempre a pleno rendimiento.

Entrevistador: ¿Pero eso en su época?

Sí, antes, ahora saca, viene uno de Alcalá que recorre las centrales y las pone en marcha, a lo mejor funciona 2 horas, 3 horas, mientras tiene agua, a la que no tiene se dispara y ya.

 

TRABAJO DEL PADRE EN LA CENTRAL

Entrevistador: ¿Por qué le llamaban el Cabila?

¡Ea!, pues le decían José “Cabila” al hombre pos yo qué sé. El hombre también no sabía ni leer ni escribir, ni sabía montar en bicicleta, nada, no sabía el hombre, y estaba empleado en la central de Moranchel. Y cuando la guerra estaba empleado allí, estaba con uno que era muy listo, empleado en la central.

Entrevistador: ¿Cuando la guerra dice?

Sí. Me contaba mucho porque mi padre, que me crió aquí con él, pues me daba unas conversaciones. Y dice que estaba con uno que le decían Miguel. El primer radio que hubo por aquí lo hizo él, en la central. Era un talento, el tío. Y a los jefes de la central le quitaron porque, claro, allí había un cuarto, yo me acuerdo, allí he estado muchas veces y me he acostado. Como íbamos a trabajar a la reja para que no se embozara echábamos de noche porque había llovido por ahí y traía trigo y todo allí se embozaba y no entraba el agua y estábamos dos cada vez con unos ganchos, sacándolo, sacando. Los ratos que la obra que no nos tocaba, nos acostábamos en la central, en los algodones de limpiar y una caseta que había. Y le dice: Miguel, me lo contaba mi padre, no lo llegué a conocer, dice: tú, José “Cabila”, aunque el teléfono toque no lo cojas, tú tranquilo. No Miguel que está tocando el teléfono, a ver si es que hay alguna avería o tal, no lo cojas. Claro, mi padre era el segundo empleado. Como tuvo, donde hay patrón no manda marinero y este estaba allí y dice, tú no lo cojas, tú, llamen lo que quieran, tú duérmete. Luego vienen los jefes: Oye, ¿dónde estabais anoche que no cogisteis el teléfono? ¿Sabéis que tenéis una sanción por no coger el teléfono? Y dice, Miguel, los vamos a sancionar con la paga, les quitaba. Y dice mi padre: pos yo no tengo culpa ninguna. Dice: es igual, vas a pagar igual que él. Y dice: tú déjalo. Le dice Miguel a mi padre. Tú déjalo a estos, a los ingenieros de la central. Dice que ellos van a pagar esto. Me han quitado, pues entonces cobraba nada y me han quitado tanto, dice. Pero lo van a pagar. Y la fábrica, éste era muy listo, sabía, según me dice mi padre. Le quitó una pieza a las máquinas. Claro, los de Albacete venían a ponerla en marcha, salía ardiendo. No daban en la avería los ingenieros. Venían los ingenieros a ponerla ahí a ver lo que le pasaba y nada, no daban en ella. Y dice: cuando les saque lo que me han quitado, dice, pongo la máquina en marcha. Y le dice a los ingenieros, ¿vosotros habéis estudiado? Dice: sí. Dice: pos poco se nota. Dice: coged el coche e iros pa Albacete, así que antes que lleguéis ahí está la fábrica funcionando. Dice: y va a sacar la corriente que necesitáis. ¿Cómo? Si llevamos ya tantos viajes y nada. Le quitó según me contaba mi padre, la máquina funciona así: llevaba aquí un, le quitó una pieza que llevaba aquí, iba de lado y entonces ya no, salía ardiendo toda vez que la ponían en marcha. Venga va, a levantar las compuertas, ya está arreglada, levantaban las compuertas, las máquinas a arder otra vez.

 

(Río)

EL JÚCAR ANTES Y AHORA

Y el agua cada día viene menos. Mira, mira lo que ha bajado. Así, el río no lo he visto yo desde que tengo 80 años, no lo he visto como está este año, no lo he visto, llega hasta casi, hasta aquí a la mitad o por ahí, a la mitad de aquí de esto que hicieron por ahí llega. Llegaba viniendo normal, pero ahora es que se ve que riegan mucho, pues aún están sacando agua o no sé por qué eso tanta sequedad del río, tanta bajada no puede ser. Yo no lo he visto y ahí abajo, ahí teníamos un puente para cruzar al lado, el puente se lo llevó la riada cuando vino y ya no tenemos paso para aquel lado. Y en aquel lado salía una acequia de ahí de la presa, de ahí salía una acequia para regar una aldea que hay que le dicen los Malecones. ¿No han visto unas casas?, eso le dicen los Malecones. Pues allí esa acequia iba a regar todas aquellas huertas hasta la presa. ¿No han visto una presa grande? Esa acequia caía allí al río y esta de este lado caía al río, allí también desemboca en el río, la acequia para la sobrante va al río. Y esa acequia, eso se perdió hace ya, yo hace ya que no me acuerdo.

LA “JÁRCULA” PARA CRUZAR EL RÍO

Y ahí mi padre. Bueno, yo llegué a ver el cable, había una “járcula”.

Entrevistador: ¿Qué es una járcula?

Eso como teles, de eso de la nieve. Había un machón allí en aquel lado que está en los machones, aún están y otro aquí en este lado. Y ahí pasaba, era un cable así de gordo y llevaba una jaula y por ahí pasaban al otro lado, una “járcula”, le decían. Pero entonces venía doble de agua, todo esto estaba embalsado.  No has visto por antes le entraba todo el agua, la central ahí. Otro estaba, saltaba por encima de los chopos esos, saltaba el agua. Ahí la presa era esta y la partió por ahí la riada y ya no lo han arreglado como la central, ya la dejaron parada, en aquellos años el paro, la pararon y pararlo por ahí por Bolinche y por ahí hay muchas centrales que tenía la Electra y las pararon todas, pues no eran rentables, eso no gastaba nada, nada más que la ponían y ya está, nada más que había 2 o 3 empleados en cada una, en esa había 9. Dos turnos de 2, la noche uno, de día otro y el jefe de línea, sí, bueno, ahí había una familia, ahí tenían todas las huertas arregladas, todo se vivía y ahora todo parado.

 

(Central energética) (Trabajo)

EL CANAL DE LA CENTRAL

Esa era el río, hicieron un túnel picando. Que eso costó, mi padre trabajó allí mucho, ahí querían hacer otra. ¿No has visto por ahí un muro? Los muros hechos, por ahí están los muros hechos, aún querían hacer otra ahí abajo y sacaron de allí arriba un canal donde allá. La estaban haciendo y vino una riada y se les llevó toda la herramienta y todo, ya lo dejaron parado todo. Mi padre trabajaba ahí. Dice que ganaba 3 perrillas de aquellos años y ahí, todo eso de ahí les querían hacer la central, ahí abajo. Pero esa iba a ser de peso, el agua con sus pesos, que no era de esa de ahí, que se le cae el agua del cerro por un tubo cae a las palas y entonces, con poca, le hace funcionar y hay otra arriba que le dicen Moranchel, que esa fue la primera y se pegó fuego y ardió.

Entrevistador: ¿La central se pegó fuego?

Sí, allí estuvo muy padre de empleado muchos años. Aquella venía por un canal de peso, no de salto. Esta es de salto, aquella era de peso.

Entrevistador: ¿Y cómo funciona de peso?

De peso quiere decir que viene el agua mansa y del peso que tiene encima le hace funcionar las palas, lo que la otra es de salto, la otra cae del cerro y cae a las palas y le hace marchar, con poca saca doble de corriente. Hay en Jorquera, hay una de esas de peso, ahí mismo. Yo estaba, he estado trabajando en todas las centrales. Me he criado aquí toda la vida. He estado el empleado del jefe: que había algo, me mandaba siempre a las líneas porque yo siempre subía, entonces estaba más ligero que ahora.

 

TRABAJO EN LA CENTRAL

Yo subía los postes con unos trepadores, unas cosas que llevan así de hierro, que lleva unos ganchos, los tiraba así al palo, postes igual que esos, pero así de gordo. Entonces iba subiendo y llegaba arriba los hiladores y allí lo empalmaba. Mi hermano era el jefe de línea ahí en Moranchel. Entonces él estaba de jefe nada más de las líneas. Entonces tenía que ir con él. Todas las veces que había alguna avería. Vamos a la línea, vamos, que hay avería en tal sitio, en Bolinches, ahí en la línea de tal, hay que ir a las Casas, las líneas de las Casas que van por ahí, pues allí que íbamos.

 

LA DIVISIÓN AZUL

Él sabía porque él era muy listo, estuvo en la División Azul. Y en la guerra de allá estuvo 4 años sin saber nada de él y a los 4 años volvió sin un arañazo siquiera. Y entonces lo metieron aquí en la central está, en esa de ahí de Moranchel. El jefe, como había estado la División Azul y tal lo metieron.

Pos yo he subido a los postes como las ardillas, con los trepadores esos. ¿Vosotros no lo habéis visto? Una cosa redonda así y lleva unos pinchos aquí. Así en mitad y tiras así y los clava en la madera y luego el otro pie, y así subes arriba, hasta la cruz. Pues no he subido yo, desde uno a otro iba. Eso lleva, son así redondo, mi sobrino creo que tiene unos, mi sobrino este de aquí de la huerta, porque como su padre era el jefe de línea se las quedó, cuando se jubiló se lo quedó, aún tiene unos trepadores. Eso son cosas, que eso para subir a los postes tenía que clavar de talón, si clavabas de puntas te podías caer porque no clava bien, pero tirabas así de talón así y se clavaba. Así de canto en la madera y ya subías, luego hacías así y salías. Otro más para arriba, y así llegaba hasta arriba, hasta las cruces donde estaban los hiladores. Allí llegabas con ello.

 

(Río) (Muerte)

AHOGADO EN EL RÍO

Pos el primer recuerdo, de mi hermano ese que estaba en Moranchel, que se ahogó un chiquillo con 9 años. Y tomé un miedo al río. Porque estaba, estábamos segando en una aldea que hay ahí, que era por este mes, estábamos segando. Estábamos terminando ya de segar y vino un primo mío, donde estábamos ahí en la aldea y dice: ¿dónde está tu madre? Que estaba, estábamos mi madre y yo. Yo tenía 10 años segando con ellos y dice: ¿a dónde está tu madre? Digo: ahí está, que hemos terminado de segar digo y nos vamos a ir para la aldea. Dice: veniros, dice que es que tu hermanito el chiquillo se ha perdido y no lo encontramos. El chiquillo con 9 años, pos ¿cómo? ¡E!, pues nos ponemos. Ande a el chiquillo, como él estaba de jefe de línea y de las rejas, para limpiar las rejas para que entrara el agua a la central, porque había unos unas rejas así y entonces aquí se quedaba mucha broza y no entraba el agua a las máquinas a la central y él tenía unos ganchos y los sacaba. Entonces el agua entraba, como si dijéramos una parada en el río, pues estiraba los ganchos, sacaba y ya. Y dice la mujer: se ha ido contigo allí a la reja.  Dice: no, allí no ha llegado. Y es que uno de ellos le dijo al otro, al chiquillo, que yo tenía 9 años, le dijo: mira, aquí hay un nido de pájaros en un puente que hay. Estaba el nido aquí debajo y se tumbaba y los veía a los pajarillos. Se tumbó y cayó, y entonces, buscándolo por todo, por la reja, por el río, pasamos allí 7, 8 días allí de noche y de día. Pusimos luces en el río por si salía y ya dice el otro primo mío que estaba con mi padre en la central trabajando. Dice: tío, mañana vamos a ir a trabajar, vamos a echar usted por este lado que está mejor el río y yo por aquel a buscar al chiquillo, que el chiquillo está por aquí, por ahí no está ya. Entonces, al salir del puente, allí estaba ahogado. Y estaba 7, 8 días fuera entre el agua y aquello era una expresión muy mala. Y tomé miedo al río. No me arrimaba, tomé unos años que no me arrimo al agua. Que esa es una experiencia.

 

ACEITE PARA LAS MÁQUINAS

Íbamos mi padre y yo allá a por el aceite para la central, para que funcionara, el aceite que le echan a las máquinas. Con el carro y el macho con las ruedas de hierro de los carros aquellos que había. Me iba con mi padre y yo, con 9 años, a Albacete. Salíamos por la mañana, llegábamos a la noche allí y a otro día cargamos y nos veníamos para acá. ¡Qué va! Una res no aguantaba 30 km. Y lo dejamos por la noche allí y a otro día cargábamos el bidón, dos bidones de aceite en el carro y nos veníamos para acá. Había un “fielato” allá al entrar en Albacete. Un fielato.

Entrevistador: ¿Y qué es un fielato, José?

Pues era como un control para controlar todo el que pasaba.

Entrevistador: ¿de la Guardia Civil?

Sí y de policía allí. Y todos los años tenían unas huertas ahí y tenían unos árboles caqui y todos los años los cogíamos para llevárselos al jefe, a don Juan Silvestre. Yo con mi padre, dice el del control: Eh, ¿qué llevan ustedes en el carro? A ver. ¿Qué vamos a llevar? Vamos a tal no, aquí no se puede pasar eso. ¿Ande llevan ustedes eso? En cueva de corvos, de los que había antes de pleita, llevábamos los caquis. ¿Ande van ustedes con esto? A llevárselo, dice a don Juan Silvestre. Pase. Como era el jefe de las centrales y todo, pasen, pasen, pero déjenme una bolsa por lo menos, a los que había allí, de eso me acuerdo, de los recuerdos de antes, que eso hace ahora, tenía yo 9 o 10 años.

 

(Río)

NADAR EN EL RÍO

Yo me tiré aquí con los chiquillos, casi me ahogo. Aquí los chiquillos tenían miedo y me se agarraban a la cabeza y me metían para abajo. Y ahí saqué, ahí donde están las casetas para arriba, el reguero ahí había una balsa de agua, como subía el embalse para arriba, cuando la central. Como el agua entraba por ahí por encima de la presa, las desbordaba para acá para que entrara a la central y ahí había una balsa. Y el vecino aquel de la casa, un zagal joven. Digo: ¿sabes nadar? Dice: Sí, yo sé nadar, no te tires ahí, digo, que hay mucha agua. Se tiró y venga, ya llevaba un rato y no salía. Me tuve que tirar a por él. Estaba ya. Liquidado. Lo saqué vivo. Aquí agarrado ahí.

 

(Río - Muerte)

RESCATE EN EL RÍO

Esa es la experiencia que tengo por aquí, por el río. Menuda corriente había allá y aquí, llegaba el agua hasta aquí. Esto estaba todo embalsado y ahí enfrente había una higuera muy grande, mira las raíces, aún se ven. Y una higuera que llegaba hasta el medio del río, una higuera de esas que echan higos de esos y llegaba hasta el medio del río. Y yo, como vivía aquí toda la vida y tengo la huerta ahí, pues iba a vender a los pueblecillos cosillas de la huerta, lo que había: patatas, tomates, pepinos, bueno, todo lo que criaba, a un pueblo, ahí a Madriguera, está aquí cerca. Pos me iba y una noche llevo el coche a los porches, un porche que hay ahí cruzando el puente, hay un porche allí, pos ahí metía el coche y me venía, ya era de noche, era por ahora, pero era de noche del todo y ya me venía para la casa cuando siento socorro. Sí, que no vive nadie y habemos 4 o 5, entonces vivían, vivíamos 4 o 5. Pos si aquí no hay nadie. ¿Quién es? Y yo venía para acá, para la casa. Y: ¡Socorro! Y lo siento aquí, digo, pues en el río. Me vengo a escape y se había metido en un higuero, en medio del río estaba, y venía un río de agua entonces. Estaba el coto ya pero era, lo tenían unos de Villamalea. Y bajo y lo veo allí. ¡No se vaya! Pero estaba ahí, me voceaba. ¡Ay, sacarme de aquí, que aquí me ahogo, me lleva al agua! Digo: no te dejes caer, digo, que yo no te puedo sacar yo solo. Y el guarda que estaba ahí, que vivía ahí. Subí y digo: oye Juanjo, dice, que digo, hay un hombre en el río y hay que sacarlo. Dice: vamos a ver. Y dice: ¿Ande? Y yo ahí abajo. Bajamos los dos y dice: ¿cómo lo vamos a sacar? Digo pos, nosotros no podemos, digo, la solución que tiene el único teléfono que había público, entonces ya era más, había un teléfono, tenía un teléfono que lo puso el Ayuntamiento para llamar a los vecinos. Y digo: pos sube, yo me quedo entreteniendo, lo digo y tú subes y llamas a la Guardia Civil, a los que primero ahí va. Sube. Y: ay que me lleva al agua, ay que me suelto y yo desde aquí le estaba diciendo, no, no, no te sueltes, porque yo no lo conocía, ni yo lo había visto, ni yo. Digo: ¿cómo ha llegado ahí? Es que entonces había luces de las calles y él vino por un camino, por los pinos aquellos que se ven allá arriba, baja un camino de Valdeganga ahí y vinieron a pescar a los cangrejos. Hay una aldea que hay ahí: los malecones, malecones, y se ve que merendaron en Valdeganga y se ve que se empinó bastante y al llegar a pescar al río, ¿qué hizo? Acostarse entre las cañas, y el otro se puso a pescar. Venían dos y el otro se puso a pescar. Y este, pues por allí se acostó. Se durmió, que la llevaba buena. Bueno, pues se acuesta y ya, claro, se le hizo de noche, el otro se fue para Albacete, no lo encontraba y este se queda ahí. Claro, le digo a éste, dice: ay saca muchos escapes que me lleva el agua, que se han dormido las manos de estar agarrado en la higuera y todo metido en el río ahí, se me han dormido las manos, me lleva el agua. Ya, digo, no te sueltes, digo, que ya está aquí el cordel para echarte, para sacarte. ¿Qué cordel? Cuando llega aquí la Guardia Civil y dicen: ¿ande están? Digo: ahí, y dice: ¿y por dónde vamos a por él? Digo: yo te lo diré, al Guardia, digo, yo te diría por dónde vamos a ir. Tú vente conmigo, venga montado en el coche y le digo, le digo al otro, vosotros quedaros aquí dándole conversación porque se lo lleva el agua. Se quedó uno aquí hablándole y nosotros nos fuimos, llegamos allí al río a Moranchel con el coche, el Patrol de la Guardia Civil y como aquí no tenían cobertura llamaban de todos los sitios porque el tío que se fue dio cuenta que se había caído al río, se había ahogado. Y claro, toda la Guardia Civil estaba por todos estos pueblos. Todos los guardias de por aquí y dice el otro, el otro Guardia dice: no tenemos cobertura ninguna. Cuando llegamos allá a un reguero y lo coge. Y dice: aquí mira, mira, paramos allí con el Patol, dice, vamos para allá, a la Guardia Civil de tal sitio, no, dices del otro Guardia. No, ya llevo un guía que me va guiando, bueno, pero lo más importante es que llegamos allí al río y le digo al Guardia: Venga, vamos. Dice: Ah, no, por el río no cruzo yo con el coche. Pero, ¿y tú eres Guardia Civil? Dice: sí. Digo: ¿no cruza? No. Abre la puerta, me bajo, me quito las alpargatas, ale detrás de mí con el coche. Pues, a ver, si hay así de agua nada más allá de verla, dice que no pasaba por el río, digo, venga detrás de mí, y pasó. Llegamos allí enfrente y quien venía a donde estaba, eso estaba hecho una selva. ¿Quién se metía ahí? Y haciendo agujeros por ahí, entre las zarzas, llegamos donde estaba, ahí en la higuera. Y le digo al guardia, digo: Venga, sácalo de ahí. Y el guardia: ¿y cómo lo voy a sacar? ¿Cómo? Cómo lo vas a sacar todo, echarle la mano y tira para arriba. Digo que aquí lo cogemos. Dice: no, si es que no alcanzó. Yo: túmbate. Se tumbó y le echó la mano y lo cogió y se lo subió allí. Llevaba una camisa blanca y la llevaba colorada de la sangre que llevaba por todo, de meterse por todos los zarzales. Los vemos allí, lo llevamos y le dice el guardia, uno de ellos le dice al otro, oye cómo, ¿por dónde has venido aquí? Dice: pues ¿no veníais dos? Dice: sí. ¿Y el otro? Dice: el otro se ha ahogado, se lo ha llevado el agua. Y el otro se había ido a Albacete y dio cuenta a la mujer. Ya no lo he visto más y estuve hasta las 4 de la mañana detrás de él, con él peleando para llevarlo, estaba, llevaba una mosca y luego nos subimos ahí donde estaba el teléfono y le dice él, dice, oye, al guarda, dice: ¿No tendrás una botellita de coñac por ahí? Le saca la botella de coñac se la sopla. El que, el que llevaba. Y claro, entonces digo llamar a la mujer que no parezca ya, que lo hemos encontrado, lo tenemos aquí controlado. Dice que era de Hacienda, del Gobierno. Pero ya no lo he visto más y dice: luego le haré un regalo, ni lo hemos visto siquiera. Estuve toda la noche detrás de él.

(Pesca)

COTO DE PESCA

Esto le dicen el coto de la rueda del Cabriel porque, lo habrás visto en los papeles y ahí también lo pone, bueno, que esto, este cuarto lo han tenido, ya lo tuvo primero Icona, luego lo hizo unos de Villamalea, se lo quedaron. Ahora lo cogieron otros de Albacete y ahora lo llevan unos de Albacete. Se quedaron con los gastos que había y eso, y lo llevan bien porque somos 80 y tantos socios y gente que viene de fuera. De Valencia viene mucha gente, de Alicante, de Murcia. Rumanos vienen muchísimo y rumanos vienen, que están por ahí trabajando, vienen, hay creo 5 o 6 socios de Rumanos, que vienen, se hacen socios y vienen pues cuando quieren.

 

(Río) (Catástrofes naturales)

RIADAS

Bajábamos por aquí, sacábamos ahí en la presa, ahí sacábamos de tó, que venía por el río. Pues, animales muertos que arrastraban las riadas y vino la del 41, fue la más grande que había. La riada del 41 ahí en las casas que ya no me recuerdo. Cuando vinieron, si llego a estar cojo la piedra, porque hicieron el nivel de donde llegó el agua. En las casas donde tengo yo los coches había, ya te lo he dicho, 4 viviendas de los empleados. Pues llegó el agua más de así de altura de las casas. Y estaba, había una piedra en la pared, grabada con el año que había sido la riada, hasta el nivel que había habido del agua y tó. Llegó el agua hasta arriba. Subió por ahí, por eso no llegó hasta allá. La del 41. Entrevistador: ¿Que llovió mucho o qué?

No, dicen que fue del pantano. Que estaba el pantano de Alarcón, que este agua es del pantano de Alarcón, pues entonces se ve que se llenó de una y tuvieron que abrir y entonces se llevaba nada más que estaba controlado un poco, pero venía... Uf, pegaba ya en el cerro aquel en la pieza que hay, unos zarpazos el agua. Había 3 o 4, pero esa fue la más grande, la del 41. De esas más pequeñas han venido riadillas, ya que ha llovido por ahí algo y eso, pero no, como esa no había ninguna. Mi padre sí se acuerda de una que dice que hubo antes, pero yo no.

 

RIADA DE 1982

El carro fijo cuando lo haría se lo llevó de ahí, que lo tenía el carro ahí, un carro de la burra de los de antes. Se lo llevó de ahí y no lo he visto ya. Y ese día, tenía una cuba de esas, como un fudre y también se lo llevó y no lo hemos visto tampoco cuando la riada. Esta última que hubo fue grande también, llegó el agua hasta allá, saltó por donde está la fuente para allá, saltó por encima de la central y todo, nada más que estuvo poco tiempo. Vino un empuje se lo llevó todo y dejó todo esto. El álamo aquel le pegó unos meneos allí, se llevó uno, un álamo como ese de grande y ya no lo hemos visto tampoco.

 

EL JÚCAR: ANTES Y AHORA

Pues mira, ahí mismo, ahí donde estamos viendo, ahí había una huertecilla muy bien arreglada. Ahí no habían todas esas zarzas, todo eso estaba, estaba bien arreglado porque la gente todos se preocupaban, ahora mira: para arriba todo esta huerta arriba y todos los del río, pues porque nosotros lo arreglamos todos los años, sino no se podía pasar. No, nadie viene, tienen la huerta, pero... Esto es un abandono de las cosas, ahí hicieron un camino, Icona hizo un camino para donde querían hacer la central, hicieron un camino para venir con los coches por aquel lado. Hasta ahí, hasta la aldea esa. Y hasta la Presa de la Villa, que desde la presa de la Villa ya salía otro camino por aquel lado para los coches. Y por ahí llegaban hasta allí, lo que pasa que hay una piedra en mitad del camino y ya no.

 

(Postguerra)

POSTGUERRA

Pues con mucha hambre. Había poco de comer. Había que salir a buscarse la vida por ahí, si no aquí. ¿Aquí sabes por qué no vivimos? Lo vivimos por el río, porque había mucho pescado y bajaba y cogías un poco pescado y algo comías. No había otra cosa y si hacías un huertecillo en cualquier lado y sembrabas 4 matas de patatas y 4 tomates, lo único, porque ahí en la isleta esa que el agua pasaba por el otro lado y ahí un primo mío que estaba aquí en la central hizo un huertecillo, regaba a cubo, regaba la hortaliza y por arriba hay varios puertos de esos por ahí al río arriba, en las islas, que había ande podían hacer una mata, allí la ponían y ahora están todas las huertas perdidas.

 

(Río) (Regadío)

REGAR CON AGUA DEL RÍO

Entrevistador: ¿La regaban con la acequia esta que me decía?

No, no, del río. Se sacaban los cubos en las isletas del río. Esa acequia ha pasado toda la vida, eso ha sido toda la vida. Salía de la presa Moranchel pero cuando hicieron las centrales esas, los cortaron el río y cortaron la acequia. Entonces Iberdrola, la Electra Albacetense, los sacó de donde entra el agua a las compuertas a la central, los sacó la acequia esta, porque como cortó las acequias de arriba de allí hay otras presas que las cogemos para las huertas de arriba. Hay otra toma por aquel lado y este. Y ya está la tenemos de toda la vida porque venía de Moranchel, pero como cortaron cuando hicieron las centrales, que no sé en qué año, que ha habido siempre agua y mucha, bueno, todo lo que quiere y ahora mismo la acequia esa, porque es un canal pequeño, porque como habemos pocos, pues un canal pequeñito y le abrimos la que queremos, ahí abres la compuerta y abres. Necesitas y la sobrante ahora mismo no hay nadie regando porque los conozco a todos estos y cae otra vez al río. Va la acequia delante al río, a desembocar allí a la presa, y cae al río y desde allí sale otra para Jorquera, La Recueja y para abajo. Por aquel lado y por este.

Entrevistador: Entonces, bueno, ¿pudiendo cultivar y pudiendo coger pescado del río esos años aún se pasaron?

Pues nosotros pudimos aguantar, a ver, no había otra solución.

 

(Posguerra) (Pesca)

POSGUERRA: PESCAR EN EL RÍO

Yo me recuerdo que estaba en aquellos años, yo era un chaval y bajabas al río, pues pescabas dos peces y ahí poníamos los masones por el mes de marzo y abril que subían las luinas a poner la hueva, las poníamos los hazones y pillábamos. Pues eso se hacía con cestos de salga de esa. Se hacía un hazón y se le hacía un boquete aquí como si fuera una a muerte y aquí había un hondo, entraban las luinas por aquí y ya no podían salir. Que ellas siempre tiran para arriba, para abajo no, a favor del agua no van, van siempre en contra. Entonces se metían ahí y se quedaban ahí, sacaban el hazón y se sacaba un cubo, un cubo de peces y el que sacaba un cubo pues tenía para comer la familia, aunque aceite no había mucho, pues tampoco, entonces lo que ahora sobra de todo entonces no había de nada. Era una clase de pez que le decíamos, la luina que es parecido al barbo. Pero estaba muy buena de comer. Bueno, entonces en aquella época estaba todo bueno. Yo me acuerdo de comer torta de cebá, una raspa así. Ya, no había otra cosa. ¿Mi padre? Se iba a tirar abono a una aldea que hay ahí yendo para Albacete, Tinajero. Ricos, que había allí una finca grande, a tirar abono de aquel como tierra, para  sembrar. Y decía el hombre, le dije a mi padre usted, José “Cabila”, que mi padre le decía José “Cabila”, dice usted José “Cabila”, a sus hijos que no pasen hambre. Cuando se le termine el grano que se lleva usted hoy para moler, para hacer torta, para hacer pan. Claro. Dice antes que se le termine viene usted otra vez, se lleva usted, no ve que sus hijos no pasen hambre. Mi padre poco, pero hemos ido comiendo algo porque se tiraba dos vagones de abono de tierras de esas a las costillas, le pelaba todo este hombro de llevarse la mochila ahí puesto en sangre viva. Todos los años. Y él tenía todos los años allí, el amo le decía: a usted, sus hijos que no padezcan, iba le echaba un costal de harina de trigo, venía lo molía y tortas en la lumbre. Ande podíamos, en todas las casas había hornos, entonces cocíamos el pan, entonces todas las casas tenían su horno. Y ahí se cocía para 8 o 10 días, hacía el pan para 8, 10 o 15 días. Duraba al pan, aquel duraba mucho y estaba bueno.

 

MAQUIS

Cuando la guerra, por lo visto, yo era un crío, entonces teníamos, íbamos a segar allá el monte y hay una aldea que hay ahí, una aldea hermosa que había. Había 17, 18 pares de mulas y un gorrinero. Bueno, que había, ahí los mataron cuando la guerra. Mi madre y yo, que me llevaba por lo visto en brazos, íbamos a llevar la comida a donde estaban segando en el bancal. Y pasamos por la finca y allá a las 11 o por ahí se sintieron unos tiros, mataron a los jefes. A los amos. Comunistas o no sé, la guerra aquella. Y dice mi padre, vayámonos que están tirando, que están ahí y ahí había una cruz con el día que los habían matado, la fecha que fue, los años que tenían y todo. Y después a los años, que entonces de eso sí me acuerdo yo, que había un mulero allí con, cuando los mataron. Uno se escapó de los amos, verdad que había de la finca ¿Los jefes? Se escapó por detrás de la casa cuando estaban matando a sus hermanos y a sus padres, que los mataron todos ahí en la puerta. Salió y se fue, se salió por detrás y se fue y no lo encontraron y ese se libró. Y se fue. Vivía, pos mi padre sí lo conoció y estuvo con él y a los no sé cuántos años vino. Ese, y le hizo, bueno, le hizo el que los llevó a enterrar al cementerio el mozo que tenían allí, en un cabriolé de aquellos de los de las fincas, los llevó a enterrar a todos, al cementerio. Y vino este hombre, el padre de uno de los dos que se escapó y fueron y los sacaron y se los llevó a su sitio. Que los mataron, los enterraron allí en Bormate, en la aldea esa que hay ahí, los enterraron en el cementerio y el que los enterró, vino el que se escapó, porque estaba de mozo con ellos y entonces le dijo, venga, ¿dónde están mis padres y mi hermano y tal? Porque mataron a 3 hermanos, creo, al padre, la madre. Y este que se escapó. Le decían los. Estaba la cruz pero ya lo han tirado, lo han roto. Ahí en la aldea esa. Han roto la cruz, han roto, allí ya no se ve nada y estaba el día que lo mataron, la fecha que fue y el año y todo estaba escrito allí grabado en una esta grande que había. Y ya no se ha sabido nada de ellos.

¿No has visto en la Ribera las que hay? Hay muchas, pues ahí vivían. Yo me acuerdo esa ahora, ¿os vais por abajo? Con la primera casa que hay rural, que hay una que pone allí el cartel rural. Arriba había una cueva. Y había la cueva de los moros. Vivían ahí ellos, los moros. Tenían una escalera de soga. Y subían, echaban las escaleras y bajaban. Y cuando subía al último, subían la escalera a la cueva, ya no podía subir nadie. Allí estaban guardados. Yo me acuerdo de ver una escalera ahí en la primera cueva que hay, la primera casa rural que hay bajando, allí vi yo la escalera puesta allí.

 

(Río) (Transporte)

TRONCOS POR EL RÍO

Los bajaban, antes cortaban y los echaban al río. Los sacaban aquí en los sitios estos que están, ande se podían sacar. Los echaban de por allá, cortaban y los echaban al río abajo.

Entrevistador: ¿De dónde los traían?

Pos de las orillas de por allá arriba, pinos y árboles grandes, los derramaban y los echaban al río abajo. Y aquí ande había un sitio que podían subir a la carretera, los sacaban. Sí, eso sí, me recuerdo yo, aquí venían unos que les decían los “Tuertos de Minaya”, que eran ebanistas. Y venían a cortar madera, nogales. Lo echaban al río abajo y los sacaban ahí y de ahí se los llevaban con los carros. Antes se podía, porque ahí no había carreteras, eso era una carreterilla de un camino, nada más. No había carretera. Hacían a fuerza de barreno. De ahí para abajo todas a fuerza de barreno. Y ahí también echaron barrenos entonces en la Cueva.

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