Telesforo Palencia Moreno

Telesforo se ha criado en la Aldea del Hambre, donde su familia y él han estado labrando toda su vida. Nos habla de cómo era trabajar las tierras, su infancia y la relación con otras aldeas. Del río Júcar nos habla de cómo se bañaban, de las riadas, del regadío y una barca que utilizaban para cruzar el río. También nos relata cómo fue pasar la guerra y la postguerra sin padres.

Fecha de entrevista: 09/06/2021

Comarca: La Mancha
Municipio: Fuensanta
Provincia: Albacete
Pais: España
Año Nacimiento: 1932
Género: HOMBRE
Entrevistador/a: Antonio Lucas (Producciones Bressol)

Yo me han educado, lo poquito que me han educado, a personas que no he conocido, nunca llamarles de usted. Y lo cierto es que en una finca que estuve, desde que tenía… 12 años tendría cuando me fui allí. Y me decían de usted. Los señoritos que decían entonces, me decían de usted y yo a ellos también. Y yo toda la vida, me he acostumbrado a hablar así y todas las personas que yo no haya conocido antes, yo le he llamado de usted. Que luego nos hayamos dicho viva usted tú, pues es diferente, pero yo soy de aquí, de Fuensanta, gracias a Dios, tengo 89 años. Voy por 80 y 10. Y aquí me tienen de cuerpo entero. Recién venido del hospital.

Entrevistador: ¿Cómo se llama usted?

Telesforo Palencia Moreno para servir a Dios y a ustedes. Nací el día de la Mujer, el 8 de marzo de 1932.

 

LA FAMILIA

Tengo aún 3 hermanos, de padre y de padre y madre, he tenido otros 3, que se murieron 3. Cuatro que se han muerto y yo, que quedo vivo de padre y madre. Hemos sido 9 hermanos, no se estaban parados entonces, como no había televisión, aprovechaban el tiempo. Pues estábamos mi padre, mi madre, señora, porque mi padre se casó de segundas al venir de la guerra. Y tenían entonces a mi hermano Julio que es 8 años más joven que yo; y otro que se llama Gerardo, y mi hermano Vicente y yo. Pero claro, nosotros no nos contábamos porque estábamos en las aldeas, por ahí ande Dios nos amparaba.

 

(SECTOR AGROPECUARIO – Huerta - Ganadería)

LA ALDEA DEL HAMBRE

Pues mis padres, como nos fuimos que tenía yo 9 años cuando nos fuimos a la huerta. Y una huerta que le decían la Huerta el Hambre, porque allí no había de nada, nada más que lo poquito que criaban de huerta. Compró mi padre una borriquilla, luego compró otra como pudo el hombre. Y así vivíamos. Yo con 12 años, ya me tuve que, me fui a una aldea de labrador, que me tenían que aparejar las mulas y no podía subir a ellas porque no podía. Y claro, pues así vivía la vida.

Ah, bueno, la del Hambre, mis padres criaban allí hortalizas para comer y no marchaban mal y con lo poquito que ganábamos mi hermano, otro mayor que yo, que me llevaba 3 años a mí, que se murió, con 65 años se murió. Mira si disfrutó de la vida también el pobre. Y con lo poquito que él ganaba, a mí me daban 40 duros al mes. Eso sí, tenía una cama de un colchón de lana, durmiendo aquí debajo, del camastro que le decíamos, encima de la basura. Tapándonos con las mantas de las mulas hechas una sopa. Y así vivíamos la vida. Y llegaba algún domingo y decía… En la nevera que nos ponía la comida. Pues no podemos parar de trabajar porque hay mucha faena y a trabajar domingo, lunes y martes todos los días. Así es que, mire usted, así era la vida. Y por la noche pos cuidar las mulas dos veces, que no te habías quedado durmiendo cuando te estaban llamando otra vez a las 5:00 de la mañana a almorzar. Comíamos muy bien, un día gachas y otro gazpachos. Pero todos los días del año, no crea usted que era.... Chorizo no tenían los gorrinos, ni jamón. Nada. Así vivíamos la vida.

 

(RELIGIÓN - Creencias)

RELIGIÓN Y FE

Pero mire usted: yo creo en Dios y en la Virgen. Que hasta la fecha me está dando fuerzas para poder vivir y llevar la vida pa delante. Y eso es lo que hay que creer. Que un algo hay en el mundo. El que no crea eso, está equivocado. Pero bueno, cada uno somos de una manera, a nadie se puede decir: Oye, tú tienes que creer esto o tienes que hacer lo otro, no señor. Cuando he podido, he ido a la Iglesia algunas veces. A ver la Virgen. Y cuando se ha muerto alguna persona, me ha gustado acompañarlos a los familiares.

 

(Huerta - Ganadería)

TRABAJO EN LA ALDEA DEL CONCEJO

No, yo estaba fijo en una aldea.

Entrevistador: ¿Recuerda cómo se llamaba?

El Concejo. Está del puente del Carrasco pues unos 4 km para abajo, para río abajo. Allí estábamos bastante gente. El ganadero tenía 5 hijos y 4 labradores, bueno, los que eran labradores porque yo ya viste, me ponían por allí en los rincones con panecillos de mulas. He labrado con mulas, he labrado con vacas, con caballos, de todo hecho un poco. Y esa ha sido mi vida, labrando todo el día con las mulas, que conciencia entonces los señoritos, labrando todo el día. Se calaban las mantas de las mulas que no había otras y a la noche te tenías que acostar con esas mantas, algunas noches con la ropa que llevabas todo el día, te acostabas porque a ver con qué te tapabas. Con la calor que había de las mulas deseando que se hiciera de noche y la piel así de las orejas, bueno, me se pelaba, igual que cuando operan la piel de los cerdos, del frío que pasaba. Que pasé. Mi familia estaba en la Huerta el Hambre, que decimos.

Entrevistador: ¿y usted venía a verlos, los veía?

Los veía, pues cada domingo, cada dos domingos, cuando podía venir a mudar.

Entrevistador: ¿a mudar?

Venía el viernes por la noche a mudar y otro día a las 5:00 de la mañana tenía que estar allí para almorzar, si no te quedabas en blanco.

Entrevistador: ¿Como en blanco, no le daban?

Sí, allí ponían la sartén para comer para todos. Que estábamos cinco labradores y el aneguero 6. Y si llegabas tarde a desayunar no había más. Esa es la vida que llevábamos.

Entrevistador: ¿qué les ponían allí en la sartén?

Allí, gacha, gacha de harina de almorta, ¿sabe usted lo que son? Las guijas, ¿no saben lo que son tampoco? Eran legumbres. Pues un día guisaba gachas, otro día, como allí cocían el pan en la aldea porque yo he hecho de todo, le he ayudado a cerner harina, al pan, cuando sentaban, el pan le ayudaba a hacer pan, le pegamos unos azotazos al pan, y le echaba la leña al horno. Sabía cuándo estaba el horno en condiciones para echar el pan y todo. Y allí pasé toda la flor de mi vida hasta que me fui a la mili.

 

(SECTOR AGROPECUARIO – Mundo Rural) (Huerta - Ganadería)

LA “ESCUELA” DEL CAMPO

La escuela era trabajar en el campo. Cuando tenía 12 años ya me llevó mi padre a la escuela a segar con una hoz así de grande, a coger lentejas y legumbres, de todo lo que había. Íbamos de aquí del pueblo. ¿Cuánto tenía? Pues 9 o 10 años no tenía más. Parecía la romería de la Virgen de los Remedios, desde aquí en Fuensanta hasta cerca de Montalvos que está la aldea esa. Lo menos 20 personas, todos andando pa allá y pa acá corriendo. Eso era lo que teníamos. Y comer pos de lo que había, unas veces torta cebá, ¿sabe usted lo que es la harina de cebada? Pues la cebada es lo que le echan a las caballerías y para los cerdos y todo eso. Pues no había para comer. Amasaban 1 kg de harina, echaban una lumbre, la barrían, así que se le echó fuego, echar ahí la torta. ¿Y cuánto se calentaban? Bueno, estaba mejor que las magdalenas ahora. Así estaba la vida. Pues sí. Pero yo tengo la conciencia muy tranquila, que Dios me está protegiendo y la virgen Santísima, porque yo no esperaba vivir la vida que tengo, los años que tengo ya. En mi tiempo éramos 9 quintos aquí en el pueblo y quedamos dos. Los demás están allí en la sombra, descansando.

 

TRABAJADORES DE LA ALDEA

Allí estábamos pues 20 o 30 personas, estábamos allá en la casa, en la aldea. Estaban los pastores, que había 3, y el mayoral; la familia del pastor; otros 4 labradores estábamos. Que yo podría haber sido torero. Te voy a contar la fiesta: resulta que se murió el gañán que le llaman, que iba con un par de vacas que tienen unos cuernos como el brazo y despuntados. Si te pega un topazo o te pasaban, madre mía. Dice el ganadero: se ha muerto el hombre este, ahora te toca a ti llevarlas El primer día y poco más se van a la casa, del plazo. Las tuve que soltar, ponerme delante, me lastimé y otra vez. En fin, que ya un día se va el ganadero, porque había 4 pares y medio de mulas. Había 9 mulas, sí. Y las vacas, y nada. Los sábados, para descansar, alguno nos teníamos que quedar de guardia para cuidar las caballerías porque tenía que ir el ganadero a La Roda o alguna cosa. Pues nada, a sacar la basura. Y resulta que había un muchacho. Tendría pos 27 años tendría él o por ahí. Había estado en la Legión. Tenía mala leche. Y le pegó un palo a una y le rompió el cuerno. Pobre animal, se lo rompió. Madre mía. Salió corriendo pal patio y dice: ves a por ellas. Digo: ahora vas a ir tú. Tenía que ir porque si no me meten palo. Y yo era una criatura a la par de él. Pues nada allí, llamándola y como yo no las había hecho nada, los animales no me hacen nada. Y nada, me las llevé. Las echo de comer y como había mulas sobrantes porque fueron los señoritos que decían entonces a un pueblo que le dicen Zafra, no sé por dónde estará eso...

 

MULAS PARA LABRAR

Compraron 11 mulas jóvenes. Y por cierto las enganchamos. Yo le ayudé al ganadero a domarlas. Y, en fin, me pegó una patada. Fui a echarle la manta, pom. Me soltó una patada que me echó contra la pared. Menos mal que aquella mula, fíjese lo buena que era que nos juntábamos cuatro para aparejarla y nos veíamos negros. Menos mal que no mordía, pero bueno. Y nada, allí ya estuve labrando con las mulas, me ponía el ganadero así... Tenía, eran bancalillos pequeños de 190 almudes. Sí, almudes trigales, la tercera parte de una hectárea. Y pos si esto era todo esto era bancal, el ganadero me ponía aquí en los rincones, porque como no sabía, pues a poco a poco, a enseñarme, hacer las prácticas ahí. Sí. Iba llevando mi vida y ya un día se va el ganadero a La Roda a arreglar las mulas, porque las mulas las arreglaban allí en La Roda, el herrador y el veterinario, Don Marcelo se llamaba. Total que dice: ya llevan las vacas un mes sin trabajar. Pero claro, lo que pasa entonces, como tenía 5, que tenía de familia el ganadero y nosotros y tenía que darles de comer con lo que nos quitaban a nosotros.

 

TABLEAR CON LAS VACAS EN EL CERRO DEL GATO

Y nada, pos dice: Te vas a tablear ahí un pedazo que le decíamos el Cerro del Gato, con un tabloncillo como de aquí a la puerta aquella de la cocinilla. Allanar la tierra. Pero el tablón aquel pesaba 1000 kg o más. ¿Quién levantaba aquello? Pero yo, como lo llevé con una mula, bueno, no llegué a llevarlo. Cuando otras veces he tableado con él. Tenía la picardía de que como no lo podía subir el palo arriba al carro, llegaba y ponía el carro aquí y el tablón ahí, y agarraba las mulas y de saha saha saha, pum, hasta que llegaba al tablón. Entonces sí, podíamos levantar un poquito y sacando la mula lo cargaba. Y así me buscaba las mañas. Llego, voy a enganchar las vacas esas y qué lástima, si la engancho me había matado. Aquel día tuve la oportunidad de ser torero. Voy a verla, agarro y empieza la vaca allá a gruñir y dice el otro, que hacía de mayoral: Sácatelas que aparejemos. No quería, en cuanto le tocó el cuerno que tenía roto, madre mía. Pegó un topazo contra la pared así, echa un chorro de sangre. Pero ando listo, mira tú. Yo, estaban los otros tres labradores y yo ahí en la puerta del porche. Agarra y soltó allí. Y él, la vaca buscándolo a él con la boca abierta y la suerte les dio que había unos carros, se subió primero a uno y luego al otro y así se salvó por la vaca buscándolo para matarlo. Madre mía. Dice: ves a por ellas y llévatelas a la cuadra, digo: ya verás. Se metió la vaca al porche allí buscándolo y yo allí pegado a la pared, así. Digo: madre mía. Ahora me mata. Cerraron las puertas. Yo me quedé allí en un patio grande que hay esperando que hiciera lo que quisiera. Y gracias a Dios no me hizo nada el animalejo. Y las tuvieron que vender para la carne.

 

RELACIÓN CON OTRAS ALDEAS

Las aldeas estaban llenas de gente. Ahí en el Carrasco mismo. Pues sí, ahí habría de 80 a 100 personas. Había, hay una central de luz, había 3 turnos de 2, eran 6 familias. Había alcalde y todo ahí en la aldea y una escuela en el Carrasco. Y ya en todas las aldeas personal. Pues eran de los señoritos, pero unas nos tenían a nosotros allí, que la habían alquilado como fuera y vivíamos allí. Y las tenían, pues porque estuvieran abiertas y viviéramos en ellas. Entonces desde aquí, desde el puente este de Quitapellejos que hay, también había, pos habría ¿3 o 4 familias? Viviendo ahí en el puente de Quitapellejos.

Entrevistador: ¿Había allí también aldeas o casas o cómo?

Hay una central y vivían allí los electricistas, que todos tenían familia, bastante, y vivían ahí.

Entrevistador: ¿En la misma central?

Claro, tenían su casa aparte. Y cada relevo, cada turno de dos, había. Habría 6 electricistas y las familias que eran. Todas las casas están pobladas, todas. Me acuerdo, le voy a contar una fiesta que tendría pos 10 años tendría yo, claro. Era una criatura. Íbamos con dos muchachos de Montalvos, que uno era novio de una de allí de una aldea. Y tenía 4 hijas a dónde íbamos. Pero en aquellas épocas éramos una familia, todo el mundo. Padres, hijos y todo el mundo, te llamaba, a una criatura la llamaba cualquier anciano ibas corriendo a socorrerlo, a ver qué quería y a ver qué... Pero hoy no, o sea, por las epidemias estas que hay o lo que sea, hoy la vida no está, no está ya como antiguamente, ni estará creo yo. Que ellos, estábamos allí en la aldea, estamos 5 labradores y resulta que uno era novio con una de allí, otra aldea que había, uno que tenía 4 hijas. Y claro, pos nosotros, sin conocerlas a las muchachas, me acuerdo que una noche uno llevaba una guitarra y otro un acordeón, así pequeña de esas de 2 teclados. Y tocaba el acordeón. Y me acuerdo que nos fuimos con ellos, no crea usted que no tuvimos cojones. Uno con una vara pinchando agua hasta la rodilla, a la parte de abajo de la presa. ¿Cómo nos llevaría al agua? Pues nada, fuimos allá a la aldea aquella y claro, nosotros criaturas, allí de pie derecho a la par de la pared. Y me acuerdo de una de las muchachas, eran muy cariñosas, y una de ellas dice: nene... Digo: ¿qué? Dice: ¿a qué habéis venido? A bailar. Dicen: pues hala, vamos a bailar. Y a mí el baile me ha gustado mucho de chiquillo y toda la vida. Ella entonces se hizo más vista. Pero entonces ya le he dicho, éramos todo el mundo, éramos familia todos. Por todo el mundo, donde ibas y yo, gracias a Dios, no me gusta estar mal con nadie. He tenido amistades por donde he ido, me han querido en todos sitios. Y así he vivido mi vida. Los días de fiesta por trabajar allí en la huerta donde estaba mi padre.

Entrevistador: ¿No había descanso?

No había dinero. Porque como lo poquito que ganábamos lo necesitaban mis padres para darle de comer a mis hermanos más pequeños y ellos, pues nosotros los mayores... No había nada. Así vivíamos, ¡ea! ¿Cómo iba a tener libertad si estábamos trabajando de noche a noche? Si te ibas a labrar con las caballerías, llegabas al bancal que no era de día y volvías cuando era de noche. Y el frío que pasábamos, muchísimo frío, pos deseando de meterse allí a la cuadra, a la calor del de las caballerías, para estar un poco caliente, así no te morirás de frío.

 

(PARAJES NATURALES – Río)

PROHIBIDO NADAR EN EL RÍO

Mi padre, ya ve usted que me he criado en el río, y si se enteraba que íbamos nos pegaba. Porque se ahogó, yo apenas me acuerdo, tendría…, fue antes de la guerra, un veterano de guerra. Se ahogó un primo hermano mío que se llamaba Gregorio. Y mientras sus padres, que estaban trabajando ahí en la finca: ¿dónde está mi hijo? Se bajó a bañarse aquí al puente de madera que hay, se le llama Quitapellejos, no sé cómo le llamarán ahora. Se bajó allí a bañarse mientras dormían sus padres la siesta. Y se ahogó. Y yo, en el Concejo, la única ducha que teníamos era el río, no había otra cosa para lavarte y como estaba allí de medio labrador pues cuando desenganchábamos las mulas antes de comer íbamos a bañarnos allí en la orilla. Y una de las veces me capuzo dos veces al fondo... Aina, si me ahogo. Pero un algo hay en el mundo. Aquella vez, no me ahogué, había otro muchacho de Tarazona, de pastor, que había dos pastores, y viendo que no podía salirme se metió a agarrarme para salirme. Lo abracé. Y me dijo, dice: suéltame, suéltame que nos ahogamos. No lo soltaba. Ni le podía hablar. Y después de salirme, me volví a meter otra vez. Y ya, fíjese usted la poca inteligencia que tendría yo, porque entonces tenía 12 años o por ahí. ¿Sabes lo que hacía? Cuando veníamos de acarrear que iban a acarrear la mies, porque yo no podía, era jovencillo y no podía. Cogía una maroma, un cordel, ¿sabe usted lo que es un cordel? Y lo ataba a un olmo y me ataba de la cintura y entonces me soltaba. Y cuando veía que me iba a ahondar, me agarraba al cordel y me salía.

 

(Catástrofes naturales - Río)

RIADAS DEL JÚCAR

Mientras yo viví allí en el río no hubo riada ninguna. Pero estando aquí en el pueblo, sí. Me acuerdo una vez yo, también los padres, pero bueno, el hombre tampoco, estaba mí padre arrancando leña del monte me dijo, dice: ve y tráete una botella de agua ahí al río,  porque entonces había pozos por todos sitios. A esta altura salía el agua en cualquier lado. Y cojo mi botella, y ala, caminando por el río. Que no tenía que hacer nada más que cruzar la carretera y el montecillo que había. Una botella de agua. Llegaba la riada ahí a Galapagar. Me volví y mi padre: ¿y el agua? Digo: el agua, está tibio. Digo: hay una riada de miedo. Se ahogó un hombre que le decían Senabre, que vivía cerca de La Marmota. Claro, poca. Resulta que fue a sacar una caballería que le quedaba o no sé qué, y ya no pudo salir, se lo llevó el agua. O ahí unos cuantos años hubo varias riadas. Pues hasta que hicieron, pues pasa lo mismo que aquí en el pueblo, hasta que hicieron el canal pues aquí no ha habido, pero antes de hacer aquí el canal, cuando había esas tormentas tan fuertes, se llevaba. Un día se llevó estas casas que hay aquí en frente de doña Manolita. La pared de los bloques, ¿sabe usted lo que son bloques? Se los llevó el agua la reguera abajo, bueno, así tanta agua bajaba. Parecía un mar porque esa calle de las huertas, que decían.

 

(Guerra)

GUERRA CIVIL SIN PADRE

Pero mi vida ha sido una historia y no pequeña, pero bueno, eso se vive cuando uno se queda de pequeño sin madre y tienes que ir afrontando la vida conforme viene. Mi madre murió con 32 años. Yo tenía, ella murió en el 37 y mi padre en la guerra. Gracias a Dios le dé salud en la gloria a mi abuelo, que nos recogió a mi hermano y a mí. Hasta que vino mi padre de la guerra. Y nos daba de comer y allí estábamos con él. Y todo eso ha sido mi vida. Pero bueno, en esta vida un algo hay en el mundo que nos protege y hay que creer. El que no crea, está equivocado.

 

(BIENESTAR SOCIAL- Pobreza) (Postguerra)

POSTGUERRA EN FUENSANTA

Los pobres, es que nosotros, en mi edad, como vivimos la postguerra que se llama. Porque una guerra en el mundo, no aquí solo, trae mucha miseria y hambre y de todo. Y claro, como no había para comer teníamos que comer lo que pescábamos. Yo me he comido los caracoles asados con latón, con broza. Tenía mi padre una borriquilla. Me mandaba que comiera broza la borriquilla y yo segaba. Sí, tenía 8 o 9 años. Pero bueno, si encontramos algún caracol echaba allí una lumbrecilla, lo quemabas un poco y para dentro si no querías. Y así era la vida.

 

(Servicio Militar)

LA MILI

He vivido allí pues hasta que me fui a la mili, que me fui en el 52. Hasta eso Dios me ha dado fuerzas porque tuve la suerte de ser excedente el primer año que hubo excedentes y estuve solo 3 meses menos 4 días. Nos daban muy bien de comer en la mili sí, nos daban un chusquete como el móvil ese para todo el día. Ya ve usted cómo podía afectar. Nos comíamos las algarrobas que teníamos de los caballos. Porque yo estuve en caballería. Y no, no me tenían que dar el pie para subir a los caballos, brincaba como una voladora por encima. Y nos comíamos las algarrobas de los caballos. Bueno, y si tenía tiempo, algunas veces salía por la puerta falsa que decían. Sí, donde estábamos haciendo la mili había huertos de naranjos y cogías alguna naranja y a la pa dentro. En Bétera, en caballería, en el primer escuadrón Lusitania, primer escuadrón núm. 8. Ahí hice la mili. Y fui de los peores que había en la mili porque no llegaron ni a pelarme, ya viste cómo marcharía, marchaba así. Los sargentos y todos me querían y yo a ellos. Y se portaron muy bien. Y ya me vine de la mili y aquí estoy.

 

(Río)

LAVAR LA ROPA EN EL RÍO

Al río este, al Júcar, a lavar las mantas y todo eso. Era porque tenía una caballería o algo, echaban las mantas en unas aguaderas y dice: bueno, al río. Las lavaban, luego las tendían allí en unas matas de juncos que había, que se secaran. Y así que se secaban, pues para el pueblo.

 

LA BARCA DE LA MANCHEGA

La barca de la Manchega llevaba 4 bidones: uno en cada, uno aquí y otro aquí. Y ¿qué llevaba? No sé si eran unas tablas y un cordel que cruzaba desde esta punta aquella. Y por ahí van a cruzar el río. Porque entonces ya había hecho, entonces todas las aldeas estaban llenas de personal.

Puente sí había, pero por no dar la vuelta, estaba ya el puente este de Quitapellejos y estaba el puente del Carrasco también, el de la Marmota. Y allí en el Concejo por lo visto, según la historia, antes de hacer el puente, como no había puente, hicieron una barca y por la barca cruzaban al otro lado, porque ahí en el Consejo había un molino de harina. Molían trigo, cebada y todo eso y claro, venían de Tarazona a moler aquí al molino este y de aquí pues ahí también, porque aquí no había molino ninguno. Subíos ahí, encima de las tablas y la cuerda que es esta que va aquí. La tendrían atada a algún árbol y aquí a otro y se iban agarrando la cuerda, y así marchaban.



REGAR LAS HUERTAS

El que quería huerta se tenía que hacer un pozo.

Entrevistador: ¿no se podía coger agua del río?

Pues los que pagarían sus derechos en aquella época a lo mejor sí, pero los demás no.

Entrevistador: El río no era de todos, entonces. El agua del río no era de todos.

Era del gobierno y sigue siendo. Pues sí.
 

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